Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.


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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 28 de Enero.



La palabra, la Alianza, la función de la ley, el discernimiento, la escucha, la lucha contra el mal, la enseñanza y la actividad liberadora de Jesús son los temas claves de la liturgia de este domingo.


“Se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad”“Se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad”


Veamos las lecturas.



Deuteronomio 18,15-20

Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

 

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu DiosA él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: "No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir." El Señor me respondió: "Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá.""

 

 

El libro del Deuteronomio (y su teología) insiste en la necesidad de vivir unas relaciones interhumanas justas. La ley no es, en este documento, un galimatías de decretos aislados. Cada precepto está en función de defender la vida y la dignidad de cada persona en la comunidad. La ley expresa la necesidad de que cada persona tenga lo necesario para vivir y nadie viva en una situación humillante y miserable.

 

De este modo, la ley deja de ser una pesada obligación y pasa a ser una herramienta útil para la convivencia, un «don» que Dios da al pueblo. En esa perspectiva, el Deuteronomio insiste en que la verdadera religión consiste en una relación íntima con Dios y la ley (las normas y mandamientos) son una ayuda para vivir, intensa y seriamente dicha relación.

 

La relación es la alianza y la alianza debe ser interiorizada. La unión con Dios debe servir para que el pueblo (y cada creyente en Él) sea capaz de discernir lo que es justo, sea capaz de convivir con otras comunidades sin perder su norte y sea capaz de percibir lo que – en el mundo cambiante en que se encuentra – lo acerca o lo aleja de Dios. La unión con Dios (que es el aspecto central de la experiencia de fe) debe provocar un cambio de mentalidad, un cambio de sensibilidad y, por tanto, un cambio en la manera de vivir.

 

Lo central del enfoque del Deuteronomio es la justicia, entendida como fundamento de la convivencia social. En este horizonte debemos entender la presencia y la acción de los profetas: ante el riesgo permanente de desviarse, de alejarse de Dios y de perder el rumbo de su vocación, Dios suscita personas con una vocación especial, que son portadoras de su mensaje y que vigilan la autenticidad de la vivencia de la Alianza por parte del pueblo.  El profeta se hace presente y se pronuncia para indicar cuál es el rumbo que el pueblo debe seguir. El profeta se preocupará por mantener vivo el Espíritu de la Ley, es decir, la Alianza.

 

¿Qué aspectos podemos meditar a partir de la lectura propuesta? Sugerimos los siguientes:

 

1.     ¿Por qué son importantes los profetas?

 

2.     ¿Has pensado en la dimensión profética de tu identidad cristiana?

 

3.     El profeta es un ser humano movido por Dios; no es un extraterrestre. Es una humanidad puesta al servicio de Dios. ¿Quieres poner tu humanidad al servicio de Dios?

 

4.     La responsabilidad del profeta es dejarse habitar y transformar por la palabra de Dios y comunicarla. De esto se le pedirá cuentas.

 

5.     La responsabilidad de la comunidad creyente (y de cada creyente en particular) es escuchar el mensaje, meditarlo, ponerlo en práctica.  De esto se le (se nos) pedirá cuentas.


 

I Corintios 7,32-35

La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos

 

Hermanos: Quiero que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.

 

 

Para entender adecuadamente este texto de san Pablo, hay que recordar que –en su momento – se pensaba que el fin del mundo era ya inminente. Dentro de esta lógica, lo que san Pablo aconseja es centrarse en la unión profunda con Dios. Obvio, si el mundo ya va a acabarse, entonces no tienen sentido que el soltero se case ni que quien esté casado se separe o que se emprendan proyectos a largo plazo. Pablo no busca aquí decir que un estado de vida es mejor que otro o superior a otros. Los estados de vida son opciones válidas y legítimas si son vividas de manera profunda y seria, en unión con Dios.  

   

La comunidad cristiana, preocupada por opiniones adversas al matrimonio, pregunta al apóstol Pablo: ¿sería preferible no casarse? Para Pablo lo importante es que cada persona de la comunidad cristiana encuentre su proyecto de vida, se sitúe a gusto en él y lo transforme en un terreno fértil para servir desde allí. Todo proyecto de vida puede ponerse al servicio de Dios. En todos los casos, situaciones, proyectos de vida, posiciones sociales... san Pablo insiste en la necesidad de vivir la libertad que nos dejó Cristo y, siendo libres, preparar la venida del Reino de Dios.

 

San Pablo no busca imponer criterios rígidos que agobien la conciencia de las personas, sino que busca orientar, ofreciendo criterios amplios para que cada persona haga su propio discernimiento y tome, responsablemente, sus propias decisiones. La experiencia de fe no debe, pues, transformarse en formas de manipulación de la conciencia, que coarten la libertad, la autonomía y la responsabilidad de las personas.

 

Sugerimos algunos puntos, para meditar a partir de la lectura propuesta:

 

1.     ¿Cuál es mi proyecto de vida? ¿Qué es lo importante en él?

 

2.     ¿Cómo entiendo la libertad? ¿Qué relación establezco entre libertad, responsabilidad y discernimiento?

 

3.     ¿Qué postura tienes ante la idea del ‘fin del mundo’? ¿Cómo afecta esto tu manera de vivir?

 

Marcos 1,21-28

Enseñaba con autoridad

 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaúm, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñarse quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios." Jesús le increpó: "Cállate y sal de él." El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: "¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen." Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

 

 

Jesús se sitúa en esta misma lógica del Deuteronomio. Para Jesús, como lo fue para todos los profetas, lo fundamental de la ley es preservar la Alianza con Dios y, desde allí, velar por la dignidad y el valor de cada ser humano. De este modo, la legislación (las normas) deja de ser una carga insoportable y se transforma en una herramienta útil al servicio de la vida. Así se evita caer en legalismos y se va a lo esencial. Esto es “llevar la Ley en el corazón” al servicio de la misericordia.

 

Al leer los evangelios podemos constatar que Jesús estaba siempre interesado en la situación particular de cada persona: en sus deseos, proyectos, sueños, sufrimientos, condiciones que afectaban su vida, etc. La genuina valoración de cada persona debe ser una de las características de cada creyente. Otro elemento clave (que es el que está presente en la lectura de hoy) es la lucha contra el mal, que afecta a todo ser humano y a la humanidad en conjunto. Su lucha contra los demonios se inscribe en este horizonte: su enseñanza y su acción tienen como objetivo vencer el mal, introduciendo el amor en la vida, en las relaciones, en las estructuras (como el templo y la ley).  Una enseñanza es clara: el ser humano no debería transformarse en el ‘lugar’ donde el mal opera, porque es templo de Dios. Es por eso que ordena a los espíritus inmundos que salgan der las personas.

 

Sugerimos algunos puntos, para meditar a partir de la lectura propuesta:

 

1.     Jesús entra a la sinagoga a educar. Es un educador en la fe, en la relación con Dios. ¿Qué tan buenos estudiantes somos?

 

2.     El contenido de la enseñanza. Este es uno (no el único) de los factores claves de todo proceso educativo. ¿Nos preocupamos por conocer, profundizar y vivir la enseñanza de Jesús?

 

3.     La enseñanza de Jesús se destaca por su autoridad ¿Tiene autoridad nuestra palabra?

 

4.     Curioso que sea el espíritu inmundo el que reconozca a Jesús, que capte su identidad teológica. Y quienes decimos ser sus discípulos ¿Hemos captado claramente quién es Jesús? ¿He captado vitalmente (existencialmente) la identidad de Jesús?

 

5.     La gente comprende que Jesús tiene capacidad de dominar el mal, de vencerlo. El seguimiento de Jesús nos introduce en este proceso: luchar contra el mal. ¿Cómo lo estás viviendo?

 

6.     El ser humano no debe ser el ‘lugar’ donde domine el mal, pues – desde la lógica de la fe – el ser humano fue creado por el AMOR y para el amor.

 

7.     ¿Hemos seguido la propuesta de Jesús de que cada ser humano tenga un valor inalienable?  

 

8.     ¿Creemos que nuestra tarea, como anunciadores de la buena nueva, es ayudar a todos los seres humanos a liberarse de las trabas que nos les permiten crecer y desarrollarse integralmente?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

Salmo 95

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón."

 

Venid, aclamemos al Señor, / demos vítores a la Roca que nos salva; / entremos a su presencia dándole gracias, / aclamándolo con cantos. R. // Entrad, postrémonos por tierra, / bendiciendo al Señor, creador nuestro. / Porque Él es nuestro Dios, / y nosotros su pueblo, / el rebaño que Él guía. R. // Ojalá escuchéis hoy su voz: / "No endurezcáis el corazón como en Meribá, / como el día de Masá en el desierto; / cuando vuestros padres me pusieron a prueba / y me tentaron, aunque habían visto mis obras." R.



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