Cuarto Domingo de Pascua Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Cuarto Domingo de Pascua Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 7 de Mayo.



El tema central de la liturgia de este domingo es el pastor y el pastoreo. La imagen del Buen Pastor, muy familiar al pueblo de Israel del Antiguo Testamento, fue tomada del ámbito pastoril y aplicada a los líderes y responsables de la comunidad (se le dio así un sentido sociopolítico). Más adelante, se retomó esta misma imagen y se aplicó a las personas revestidas de una autoridad religiosa/espiritual, tomando así un significado claramente teológico.   De este modo, la imagen del buen pastor debe evocar en nosotros a esa(s) persona(s) que cuida(n) y protege(n) la comunidad que le(s) ha sido encomendada. En ellas, la comunidad deposita su confianza.



“Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”“Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”



Hechos de los Apóstoles 2, 14a.36-41

Dios lo ha constituido Señor y Mesías

 

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: "Todo Israel esté cierto de que, al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías." Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Pedro les contestó: "Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos." Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: "Escapad de esta generación perversa." Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

 

 

Algunas reflexiones

 

La lectura es continuación de la primera lectura del domingo pasado. Encontramos a Pedro que continúa su discurso, luego del acontecimiento de Pentecostés, es decir, de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La preocupación de Pedro se centra en:

 

  • 1.    Lograr que la gente entienda bien el acontecimiento de Pentecostés y que no lo malinterpreten, pues algunos llegaron hasta a afirmar que los apóstoles estaban borrachos.

 

  • 2.    Anunciar a Jesucristo como el Señor y el Mesías. Como el Pastor Nuevo y Perfecto que hay que seguir. Un grupo de las autoridades judías lo había perseguido y había logrado que lo condenaran a muerte. Pero una vez resucitado, los apóstoles (con Pedro a la cabeza) están empeñados en anunciar que estas autoridades se equivocaron y que Jesús de Nazaret es, verdaderamente, el enviado de Dios (=Mesías) y el Señor (Aquel en quien Dios había confiado su Reinado). 

 

El anuncio de Pedro logró tocar algunos corazones. Claro, hubo también gente que no escuchó ni se interesó, y gente que rechazó totalmente el contenido de la predicación de Pedro. Esto ocurrirá siempre. Se trata de una propuesta, de una invitación que puede ser acogida o rechazada. 

 

Lo que Pedro anuncia es un mensaje inicial sobre Jesús. Tal mensaje se llama kerigma, que significa ‘primer anuncio’. ¿Cuál es el contenido de este primer anuncio? Se trata básicamente de 4 aspectos fundamentales en torno a Jesús y su relación con Dios, veamos:

 

  • 1) Que Jesús es el Salvador, el Señor  y el Maestro;

 

  • 2) Que lo es porque entregó su vida, por amor, para sacarnos (liberarnos) del poder del pecado;

 

  • 3) Que Jesús no es un mito ni una simple idea: vivió realmente, murió realmente y  fue sepultado;

 

  • 4) Qué resucitó gracias a una intervención portentosa de Dios (eso es lo que se quiere decir con la expresión ‘al tercer día’).

 

  • 5) Que sólo Dios puede dar al ser humano la posibilidad de superar la muerte;

 

  • 6) Que a este Jesús, que fue rechazado por las autoridades judías, Dios lo ha reconocido como su enviado y ha legitimado su obra (es lo que se quiere decir con la expresión ‘lo ha sentado a su derecha’);

 

  • 7) Que la propuesta de Dios es seguirlo a Él, bautizarse en Él (recordemos que la palabra bautismo significa sumergirse. Se trata de sumergirnos en su vida, en su amor, en sus valores). Por eso a la pregunta formulada por la gente: "¿Qué tenemos que hacer, hermanos?”, Pedro responde: “Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo”.

 

Como vemos, el discurso de Pedro es ya una compleja elaboración teológica que pretende dejar claro que Jesús de Nazaret es el Mesías anunciado en el Antiguo Testamento.   Lógicamente, esa formulación del kerigma (es decir, el lenguaje con el que se expresa) está condicionada por su contexto social e histórico (fue elaborada en un lenguaje que, para los creyentes del siglo XXI, puede resultar un poco extraña y confusa, pero que, para la gente judía del I siglo, era clara. Ellos conocían los textos del Antiguo testamento, las predicaciones de los profetas, el lenguaje religioso de Israel y su cultura, sabían el sentido de términos como Mesías, Reino de Dios, últimos tiempos, redención, etc. Quizá las palabras, las fórmulas y los elementos que componen el kerigma, nos pueden parecer extraños hoy y se haga necesario traducirlo con un nuevo lenguaje, para que sean significativos a nuestra experiencia religiosa actual.

 


I Pedro 2,20b-25

Habéis vuelto al pastor de vuestras vidas

 

Queridos hermanos: Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

 

 

Algunas reflexiones

 

La tradición antigua ha atribuido esta carta al apóstol Pedro. Los estudios posteriores nos han permitido identificar como autor a un cristiano, discípulo de Pedro, que – para dar autoridad a su escrito – lo atribuye al apóstol.  De hecho, tanto el lenguaje como el estilo del griego en que fue escrita la carta hacen pensar más en una persona instruida y no en el Pedro, pescador de Galilea. Lo importante es que la carta contiene el espíritu cristiano y que pretende animar a una comunidad cristiana perseguida, que por causa de sus sufrimientos, tiene la tentación de desanimarse y de dejar enfriar su fe.

 

En este contexto, el autor hace memoria de Cristo, que – sometido a la pasión – no abandonó la misión y permaneció fiel hasta las últimas consecuencias.    Por eso el argumento principal de la carta es la necesidad y el valor de la pasión del cristiano a ejemplo y en unión con Cristo: “Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.”

 

La carta fue escrita hacia la década de los 90 del I siglo de la era cristiana, cuando el emperador romano Domiciano, había ordenado la persecución de los cristianos. Los cristianos de aquel momento (de estas comunidades) eran conscientes del riesgo que habían asumido cuando se convirtieron al cristianismo.  Por eso el autor hace constante referencia a la pasión y al hecho de que al haberse bautizado (es decir, al haberse sumergido en Cristo) debían abrazar también su pasión.  Deben, pues, mantenerse firmes en medio de la tribulación.

 


 

Juan 10,1-10

Yo soy la puerta de las ovejas

 

En aquel tiempo, dijo Jesús "Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños." Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: "Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

 

 

Algunas reflexiones

 

En el capítulo 10 del evangelio de Juan encontramos una bella y larga alegoría en la que Jesús se presenta como el Buen Pastor, dueño del rebaño que Él ama y por el cual se interesa. Jesús se distancia así de otro tipo de pastores que - como los ladrones y salteadores – aparecieron en el pueblo (de Israel) para aprovecharse de su cargo, para matar y robar. No es un ladrón que entra por donde no se debe entrar.  Él entra por la puerta del redil, el portero le abre, es alguien conocido, confiable, responsable.  Él saca las ovejas a pastar y ellas conocen su voz. En la extensa alegoría Jesús asume varias funciones: es pastor y es puerta.  Obvio, puesto que se trata de una alegoría, entendemos que el rebaño es la comunidad creyente, la Iglesia. Pero no sólo ella, puede ser toda la humanidad: “Tengo otras ovejas que no pertenecen a este corral; a esas tengo que guiarlas para que escuchen mi voz y se forme un solo rebaño con un solo pastor.”  (Jn 10, 16).

 

La alegoría del Buen Pastor está inspirada en el largo capítulo 34 del profeta Ezequiel en el que se reprocha a las autoridades judías el no haber sabido pastorear al pueblo; y Dios promete enviar para ello a un descendiente de David, ya que los pastores que había designado no fueron fieles.  Aquí está el centro del problema teológico de los pastores y del pastoreo: saber si los pastores que tenemos son o no son dignos de confianza; si realmente viven aquello que anuncian; si son auténticamente responsables ante Dios, que les encomendó el cuidado de una o varias comunidades; si se esfuerzan permanentemente por prepararse y por preparar alimento espiritual que ofrecen a sus comunidades; si administran con transparencia, equidad y solidaridad lo que las comunidades entregan para el desarrollo de la misión.

   

La historia muestra que ha habido pastores de todos los tipos: excelentes, regulares y malos. La historia que la Biblia nos cuenta (es decir, la historia del antiguo pueblo de Israel) es también fiel reflejo de esto. En ella desfilan diversos personajes a los que se les encomendó una misión: Abraham, Moisés, David, Jeremías, Pedro, Pablo, etc. Nos movemos entre los claroscuros de la gracia y de la condición humana.

 

La gran afirmación del Antiguo Testamento es que Dios mismo es el verdadero Pastor de Israel: “Yo mismo en persona buscaré mis ovejas siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré sacándolas de todos los lugares por donde se dispersaron un día de oscuridad y nubarrones.” (Ez 34,11-12)

 

La gran afirmación del Nuevo Testamento es que Jesús, es el Hijo de Dios, enviado para ofrecer a todos la Vida plena de Dios y que Dios lo ha constituido en el Buen Pastor para servir a la humanidad en el amor: “Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y doy la vida por las ovejas” (Jn 10, 14-15)

 

Desde el punto de vista cristiano, todos aquellos que han sido constituidos “pastores” lo son como delegación, participación y continuación del pastoreo de Jesucristo. Él es, pues, la fuente y ‘el termómetro’ con el que se debe medir el servicio y la gestión de los pastores. Es algo en lo que las comunidades deben meditar: ¿en quién han puesto su confianza?

 

 Jesús resucitado es, pues, para los creyentes cristianos, EL MAESTRO Y EL PASTOR, que muestra el camino que nos lleva a la verdadera Vida. Se trata del camino del amor, del servicio, del cuidado (especialmente de los más débiles), de la compasión, de la misericordia. Esto es lo que deben vivir no sólo los pastores, sino la totalidad de la Iglesia. El proyecto es para todos los creyentes; cada uno desde su situación, desde su estilo de vida y desde el contexto en que vive.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…



 

Salmo 23

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: / en verdes praderas me hace recostar, / me conduce hacia fuentes tranquilas / y repara mis fuerzas. R.

 

Me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. / Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo: / tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

 

Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por años sin término. R.



 

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