Cuarto Domingo de Cuaresma Ciclo C

Te comparto la reflexión correspondiente al Cuarto Domingo de Cuaresma Ciclo C, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2016, corresponde al Domingo 6 de Marzo.




Toda la Biblia nos propone el testimonio del camino espiritual de un pueblo que, poco a poco, va descubriendo en su historia la presencia y la acción de Dios y va pasando de una fe habitada por el temor a una fe enraizada en el amor y en el deseo de entrar en comunión con Dios. Se trata de un proceso de decantación espiritual, que se nos propone hoy a nosotros.  Cada uno debe hacer su propia experiencia.

 

Veamos las lecturas:



Josué 5, 9a. 10-12

El pueblo de Dios celebra la Pascua, después de entrar en la Tierra Prometida

 

En aquellos días, el Señor dijo a Josué: "Hoy os he despojado del oprobio de Egipto." Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó. El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

 

 

Algunas reflexiones

 

Recordemos que el libro de Josué relata la entrada del pueblo de Israel a la Tierra Prometida. La narración se hace desde el enfoque de una conquista militar comandada por Josué, sucesor de Moisés.

 

Se trata de una narración de corte épico, en el que el triunfo es posible gracias a Dios, que camina al frente del pueblo. Esta es una de las enseñanzas claves del texto: Si permanecemos con Dios, nuestra vida – aún pasando por momentos duros y difíciles –llegará a buen puerto, alcanzará su meta de plenitud, de realización, de salvación.

 

El texto pertenece a una escuela teológica conocida como Escuela Deuteronomista. En esta escuela, sus representantes buscan señalar dos cosas:

 

1) la presencia y la acción maravillosa de Dios en la vida del pueblo,

 

2) la seriedad que Dios da  a sus palabras: Dios cumple sus promesas.

 

Había prometido una tierra y, ahora, el pueblo está en ella.  Estas son otras de las grandes enseñanzas del texto: invitarnos a abrir los ojos (espirituales) para percibir esa presencia y esa acción amorosa de Dios en nuestra vida y adentrarnos en el mundo de la palabra: la palabra de Dios a nosotros y la palabra nuestra hacia Dios.

 

Es claro que se trata de una narración teológica, que no pretende ser un reportaje exacto de las cosas. De hecho, el libro no es muy preciso desde el punto de vista histórico, pero es una extraordinaria catequesis sobre el amor de Dios.

 

El texto propuesto nos cuenta que los israelitas – provenientes del desierto (en el que – teológicamente – han tenido que caminar durante 40 años) llegan al río Jordán. El texto se centra en la celebración de la PASCUA (que significa “paso de Dios”). En este caso lo que se celebra es el paso de Dios por la vida del pueblo sacándolo de la esclavitud (Hoy os he despojado del oprobio de Egipto). ¿Cómo ha sido el paso de Dios por mi vida? ¿De qué tipo de esclavitud me quiere liberar o me ha liberado?

 

Pero es hora de que el pueblo comience a llevar una vida normal. El maná cesa y ya pueden comer del fruto de la tierra.

 

Se trata de un nuevo comienzo (nuestra vida está llena de muchos comienzos).  El pueblo quiere expresar en su propia carne su vínculo con Dios, su pertenencia a Dios (por eso el rito de la circuncisión). Nuevamente tenemos otra enseñanza: lo que está en juego en la experiencia religiosa es un vínculo existencial con Dios, sentirnos unidos a Él, sentir que pertenecemos a Él, que nos situamos en su lógica, en su proyecto, en su voluntad. 

 

El tema central del texto es el de un nuevo comienzo: este pueblo que ha pasado de la esclavitud a la libertad debe comenzar a vivir una vida nueva. Este mismo llamado es para nosotros, creyentes del siglo XXI. Aprender a ser libres, aprender a vivir en la libertad, aprender a articular la libertad con la responsabilidad, aprender a permanecer unidos a Dios. Es algo que tiene que desarrollarse en la cotidianidad y transformarse en la manera de ser, de vivir, de convivir.

 

Estamos, pues, invitados a vivir una experiencia semejante a la que vivió el pueblo de Israel.

 

  • Es necesario identificar las esclavitudes que nos afectan.

 

  • Es preciso buscar – iluminados por Dios, por la fe – los caminos adecuados para salir de estas esclavitudes.

 

  • Es importante pasar por el desierto – experiencia de discernimiento y descubrimiento – para aprender a asumir la libertad y sus riesgos.

 

  • Es clave cerrar ciertas etapas y acoger lo nuevo, lo que Dios nos propone, lo que está por hacer.


  • Es fundamental aprender a alimentar la relación con Dios y permanecer en Él. “Como el Padre me amó, así los he amado yo, permanezcan en mi amor” (Juan 15,9)

 

  • Es necesario aprender a celebrar esta vida nueva que Dios nos da. Es lo que hacemos en cada Eucaristía… No ya en la lógica del Antiguo testamento, sino en la lógica del Nuevo testamento: la lógica de Jesús.



II Corintios 5, 17-21

Dios, por medio de Cristo, nos reconcilió consigo

 

Hermanos: El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a Él, recibamos la justificación de Dios.

 

 

Algunas reflexiones

 

Para entender la segunda lectura debemos tener en cuenta que hacia el año 56/57 llegan a Corinto algunos misioneros itinerantes, que se presentan como apóstoles y critican la obra realizada por Pablo. Esto provoca una gran confusión. Muy seguramente eran cristianos judaizantes (aquellos que sostienen que para ser cristiano primero hay que pasar por la Ley de Moisés).  Pablo se entera de la situación y se dirige a Corinto, dispuesto a enfrentar el problema. La tensión es fuerte. Pablo abandona Corinto y se dirige a Éfeso. Luego envía a Tito a Corinto para que vea cómo están las cosas y buscar con la comunidad un proceso de reconciliación. Tito vuelve y le trae excelentes noticias: la comunidad de Corinto ha comprendido dónde estaba el problema, ha corregido la dirección y quiere restablecer la relación con Pablo.  Entonces el Apóstol escribe esta carta, haciendo ya una tranquila defensa de su misión y de su apostolado.

 

El texto que meditamos se sitúa en la primera parte de la carta, en la que el Apóstol analiza sus relaciones con la comunidad cristiana de Corinto. El contexto nos permite comprender por qué Pablo da tanta importancia a la reconciliación. 

 

En la carta Pablo nos recuerda que todo en Cristo ha sido renovado, restaurado. Todo es nuevo, porque Dios ha reconciliado todo. No hay restauración de la humanidad sin procesos de reconciliación. ¿No tendrá algo que decirnos esta lectura cuando el reto de reconstruir nuestro país sigue siendo una tarea pendiente? Pero la reconciliación pasa por la responsabilidad, requiere que se asuman las consecuencias de las opciones y las acciones.

 

Pablo nos invita a acoger la propuesta de amor que Dios nos hace en la persona  de Jesús. En este sentido, esta lectura nos invita a la conversión y nos invita a vivir este proceso no como algo centrado en manifestaciones externas, sino como una reconfiguración del corazón, desde la cual se produce una reorientación de la vida.



Lucas 15, 1-3. 11-32

"Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido"

 

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ese acoge a los pecadores y come con ellos." Jesús les dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contesto: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.""

 

 

Algunas reflexiones

 

La parábola propuesta en el evangelio de san Lucas nos plantea varios temas claves:

 

1.   El tipo de relación que Dios quiere con nosotros y que nosotros queremos con Dios: Dios no quiere obreros, sino hijos.

 

2.   La necesidad de comprender que ya lo tenemos todo: Dios está presente y nos ama incondicionalmente.  No ver esta realidad hace que nos alejemos. No valoramos lo que ya tenemos sino hasta cuando lo perdemos.

 

3.   Un llamado a reflexionar sobre la manera como usamos el don (los dones) de Dios. No se trata sólo de recibir la “herencia”, sino de preguntarnos qué vamos a hacer con ella. ¿Cuáles serán los criterios de uso que guíen nuestra administración de lo recibido? 

 

4.   Hay necesidad de introspección, de reflexión, de revisión de vida. Lo podemos hacer permanentemente. No necesitamos llegar “a lo más bajo” (como el joven de la parábola). Sin embargo, aún desde las situaciones más dramáticas, podemos volver sobre el camino andado, examinar. Una vida no examinada no vale la pena.

 

5.   La misericordia triunfa sobre el juicio implacable. Esta es la enseñanza máxima de esta parábola: Dios ama y por eso perdona, acoge, espera, respeta, restaura. La idea es permitir que nuestro corazón sea como el del padre de la parábola (Dios). Lo peor que nos puede pasar es que nuestro corazón se endurezca, se llene de odio y de envidia (sentimientos y actitudes encarnados por el hijo mayor de la parábola).

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…



Salmo 33

Gustad y ved qué bueno es el Señor.

 

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

 

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. R.

 

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo salva de sus angustias. R.


 

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