En Defensa de la Fe


Cuarto Domingo de Adviento Ciclo A 2019

Te comparto la reflexión correspondiente al Cuarto Domingo de Adviento Ciclo A 2019, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2019, corresponde al Domingo 22 de Diciembre.




Llegamos al 4.º domingo del tiempo de Adviento. Estamos próximos a la conmemoración del nacimiento de Jesús, el Cristo de Dios. ¿Cómo hemos vivido, hasta ahora, este itinerario espiritual?



Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotrosMirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros




Veamos las lecturas:



Isaías 7,10-14

Mirad: la virgen está encinta

 

En aquellos días, el Señor habló a Acaz: "Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo." Respondió Acaz: "No la pido, no quiero tentar al Señor." Entonces dijo Dios: "Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros"."

 

 

En el pasaje de Isaías resuena un anuncio esperanzador: el anuncio del nacimiento de alguien que estará permanente y honestamente comprometido con el bien del antiguo pueblo de Israel.

 

Este anuncio del profeta Isaías al rey Acaz se dio en un contexto en el que el reino de Judá pasaba por una dura crisis y los políticos del momento (entre ellos el mismo rey) buscaban seguridad haciendo (como era costumbre) alianzas con otros pueblos, con otros reinos. El problema no estaba en buscar esas alianzas con otros pueblos, sino en olvidar a Dios, sin apoyarse primeramente en Él y, desde Él, discernir la pertinencia de estas alianzas.

 

En realidad, lo que aparece como crítica de fondo es que las esperanzas del mantenimiento de la seguridad del reino de Judá se centraban más en el poder político y militar, dejando a un lado la confianza en Dios. El profeta había constatado los afanosos intentos del rey para aliarse con sus vecinos en orden a defenderse de las amenazas del reino del norte, que había buscado también sus propias alianzas, dejando a Dios de lado.

 

Para despertar de nuevo la confianza del pueblo en Dios, el profeta se vale de un hecho probablemente histórico: el embarazo de alguna de las doncellas del rey Acaz. Desde este acontecimiento, el profeta plantea: Así como esa joven dará a luz un primogénito, del mismo modo enviará Dios un descendiente de la estirpe del rey David. Ese descendiente davídico asumirá, pero unido a Dios, los destinos del pueblo.

 

Con base en esta profecía de Isaías, se fue fomentando la idea de que el Mesías nacería de una virgen. Por tal razón, desde entonces, toda ‘primeriza’ en Israel albergaba la esperanza de llegar a ser (por designio de Dios) la madre del Mesías (que en hebreo significa ‘enviado de Dios’). Cuando, varios siglos después, el evangelista Mateo (que ya es un cristiano convencido, de la 2ª o 3ª generación) relata la concepción de Jesús, retoma esta profecía de Isaías y la aplica a Jesús, para presentarlo, en su evangelio como el Mesías, el Hijo de Dios y Salvador.

 

Si buscamos actualizar este mensaje es necesario meditar que el amor se expresa no tanto en discursos, sino en acciones concretas, detalles, servicios, formas de estar presente en la vida de las personas que amamos.

 

Con frecuencia, en lo que concierne a nuestra relación con Dios, olvidamos esto; nos volvemos ciegos para ver y percibir las incontables formas en que Dios nos expresa permanentemente su amor. La vida, los recursos de cada día, las personas que nos aman, las capacidades de que estamos dotados, etc., se nos vuelven ‘tan comunes’ que no se nos ocurre asociarlos con el Creador.

 

Y, como en otro tiempo lo hizo el rey Acaz, le seguimos diciendo: ‘Danos una señal’. Del mismo modo, se nos pasa por alto que el amor que decimos profesar hacia Dios debe desplegarse en la cotidianidad. Por eso Jesús nos recuerda. ‘No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad del Padre.’

  

Para quienes hemos optado seriamente por vivir la vida en una perspectiva religiosa, Dios nos ha dado muchas señales y las sigue dando. Y nos ha dado la gran señal: de María nos ha dado al Salvador. Jesús de Nazaret es la gran señal, por eso puede Él afirmar – según nos lo reporta el evangelista Juan- ‘Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre.’  

 

Quizá nos falta reflexionar más en profundidad aquello que significa el nombre dado al Mesías: Emmanuel, es decir, Dios con nosotros. ¿Qué significa creer que Dios está con nosotros? ¿Estamos nosotros con Él? ¿Vivimos la cotidianidad en la conciencia de estar acompañados por Dios?




Romanos 1,1-7

Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios

 

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por Él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

 

 

La segunda lectura de este 4.º domingo de Adviento corresponde al comienzo (encabezamiento) de la carta de san Pablo a los romanos. Pablo comparte con los cristianos de Roma del siglo I d. C. su propia experiencia y la manera como él ha comprendido su vocación (es decir, el llamado que Dios le ha hecho en la persona de Jesús). Pablo se descubre llamado por Dios (en la persona de Cristo) a la santidad y a transformarse en apóstol de Jesucristo, de tal manera que los otros pueblos distintos de Israel (es decir, los gentiles) conozcan a Dios y a su Mesías.

    

Desde su propia experiencia, Pablo está convencido que el evangelio (palabra griega que significa BUENA NOTICIA) es la persona de Jesús confesado (reconocido) como Cristo (palabra griega que significa Ungido de [por] Dios) y como mediador pleno de la salvación que Dios da.  Por tal razón, Jesucristo, su persona, su obra, su muerte y su resurrección son el contenido del mensaje de Pablo. Eso es lo que expone san Pablo en la totalidad de la Carta a los romanos.

 

Acogiéndose a la tradición espiritual judía, el apóstol Pablo subraya que este Jesús de Nazaret es descendiente de David en cuanto a lo humano (así lo hacen también los evangelistas Mateo y Lucas usando unas genealogías), pero, además, puntualiza el apóstol, Dios – al haber resucitado a Jesús - le otorgó a Él la plenitud de su Espíritu constituyéndolo en Mesías (en griego Cristo) todopoderoso y Señor Único. En consecuencia, el evangelio (la Buena Noticia) – dice san Pablo – se refiere a Jesús de Nazaret, constituido según el espíritu Santo, Hijo de Dios, vencedor de la muerte, aquel que nos llama a la santidad.

 

Por su parte, seguramente buscando defender su autoridad apostólica, Pablo insiste en que su actividad evangelizadora le ha sido otorgada por puro don de Dios, ha sido una vocación (llamado) de Dios. No ha sido por capricho personal ni se inspira en un humano deseo de poder.

 

Si queremos actualizar esta lectura en nuestras vidas podemos tener en cuenta lo siguiente:

 

A.   Notemos que, san Pablo nos sitúa en un horizonte especial, el de la fe en Cristo Jesús; la fe es en relación con lo que Dios obra, por medio de su Espíritu, es decir, lo que Él realiza para desarrollar su plan amoroso de salvación, lo que Él hace en nosotros buscando nuestro bien. Pablo quiere que caigamos en cuenta que es por el Espíritu Santo que somos constituidos hijos de Dios. No es un tema de carácter biológico, sino de orden teológico-espiritual.

 

B.   San Pablo llama la atención de los cristianos recordándonos que, en Jesús (y por la acción del Espíritu Santo) hemos recibido un don (ser hijos de Dios) y una misión (llamar a muchos a la fe, comunicar la fe, preparar el terreno para que Dios sea conocido, amado y adorado por muchos. Es una misión de oferta y de preparación (no de imposición). Es una misión basada en el deseo sincero de compartir con otros el amor de Dios, que nosotros mismos hemos recibido y que ha transformado nuestras vidas. ¿Somos conscientes de este don y de esta misión? ¿Estamos desarrollando sinceramente la misión?

 

C.   Y el llamado se hace aún más profundo cuando se nos recuerda de qué se trata: hacer parte de los santos. La santidad aparece aquí como el llamado especial de Dios a ser como Él. Recordemos que el Santo por excelencia, en la teología de la Biblia, es Dios mismo. Recordemos aquella visión (que nos cuenta el profeta Isaías), cuando nos habla su vocación:

 

El año de la muerte del rey Uzías, vi al Señor excelso y sublime, sentado en un trono; los ribetes de su manto llenaban el templo. Por encima de Él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban. Y se decían el uno al otro:

«Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso;
    toda la tierra está llena de su gloria».

 

Esta es la gran llamada: entrar en comunión, dejarnos amar por Él, dejarnos transformar por su Espíritu y parecernos a Él. En realidad, desde el punto de vista de la fe cristiana, para esto es el Adviento, para esto es la Encarnación del Hijo de Dios, para esto es que Dios nos da a Jesús como la gran señal, como el gran signo.

 

¿Cómo va nuestra experiencia de santificación?



Mateo 1,18-24

Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David

 

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados." Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: "Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros"." Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

 

 

El evangelista san Mateo nos narra el origen divino de Jesús, el Cristo. María estaba desposada – según la costumbre de su tiempo y cultura- con José, pero aún no vivían juntos. Estaban en un período de compromiso matrimonial, período que podía durar de seis meses a un año, tiempo prudente para el esposo construir o acondicionar la casa en donde recibiría a su esposa.

 

En el entretiempo la novia seguía viviendo con sus padres (dependencia de la autoridad paterna) hasta que pasara formalmente a depender de su marido. La promesa de matrimonio o desposorio implicaba completa fidelidad al novio; todo acto de infidelidad era adulterio, y, como tal, podía ser castigado conforme a la ley mosaica. La infidelidad era castigada con la lapidación de la mujer, pues se consideraba adulterio.

 

En esas circunstancias -nos narra el evangelista- que María resultó embarazada; pero aclara diciendo: “por obra del Espíritu Santo”. Este es el horizonte en que se sitúa la concepción (en que nos quiere situar san Mateo, subrayando el carácter teológico del origen de Jesús). El hecho haría sentir – como es de suponerse - muy mal a José; sin embargo, agrega Mateo, que como “era un hombre justo, y para no exponerla a la infamia, decidió abandonarla en secreto”. José hubiera podido hacer valer sus derechos, exigir el castigo previsto por la ley...; con todo, notemos nuevamente el horizonte teológico que viene trabajando el evangelista:

 

“Se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados."

 

José es trasladado a una comprensión y lectura teológico -espiritual de la situación. Al ser dócil a la voz de Dios (que se le ha revelado) José, aún sin ser totalmente consciente de la complejidad del plan divino, va colaborando también con el plan de salvación de Dios. Esto es lo que le interesa a san Mateo subrayar en su evangelio. Por eso, en el relato del evangelista, permanentemente se insiste: Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta. En otros pasajes, se usa la expresión: Todo esto sucedió para que se cumpliese la Escritura.

 

Ahora bien, en los planes de Dios se cuenta con la libertad y la voluntad de las personas. María pudo haber dicho que no al anuncio del Ángel, pero dijo: ‘Hágase en mí según tu Palabra’. José pudo haber persistido en su intención de repudiar a María (aunque fuera en secreto), pero decidió hacer caso al mensaje que Dios (en el sueño) le dio. ¿Has meditado sobre el ejercicio de tu libertad y de tu voluntad en el camino de la fe?

 

María acoge y acepta; José acoge y acepta. Ellos no ponen trabas. Quizá nosotros ponemos muchas trabas y condiciones a la obra de Dios. A veces intentamos que Dios actúe según nuestra lógica e intereses. La llamada, en este tiempo de Adviento, es a poner nuestra libertad y voluntad al servicio del plan de Dios.

 

Finalmente:

 

1.   ¿He tratado de hacer una revisión de mi vida sobre cómo me he ido preparando para vivir la conmemoración del nacimiento de Jesús?

 

2.   ¿He logrado superar la tentación de caer en la ‘ola consumista’ que ha transformado la Navidad más en un asunto comercial que en un camino espiritual?

 

3.   Si los pobres (en aquella época, los pastores) fueron los primeros destinatarios de la noticia del nacimiento de Jesús, ¿cómo he tenido a los pobres en cuenta en mi manera de vivir este tiempo de Adviento?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 23

Va a entrar el Señor, Él es el Rey de la gloria.

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, / el orbe y todos sus habitantes: / Él la fundó sobre los mares, / Él la afianzó sobre los ríos. R.

 

¿Quién puede subir al monte del Señor? / ¿Quién puede estar en el recinto sacro? / El hombre de manos inocentes / y puro corazón, / que no confía en los ídolos. R.

 

Ese recibirá la bendición del Señor, / le hará justicia el Dios de salvación. / Este es el grupo que busca al Señor, / que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

 


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