30 Domingo del Tiempo Ordinario ciclo A

Te comparto la reflexión correspondiente al 30 Domingo del  Tiempo Ordinario ciclo A, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.

 



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Nota acerca de la fecha: En el 2014, corresponde al Domingo 26 de Octubre.

 



Éxodo 22,20-26

Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros

 

Así dice el Señor: "No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo."

 

 

 

1Tesalonicenses 1,5c-10

Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo

 

Hermanos: Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que os libra del castigo futuro.


 

 

Mateo 22,34-40

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

 

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?" Él le dijo: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas."

 

 

Te comparto algunas reflexiones acerca de las lecturas anteriores:

 

El domingo pasado Jesús nos invitó a darle a cada realidad su justo valor, puesto y sentido. “…Den al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). El creyente está invitado e interpelado a adorar a Dios, a reconocerlo como tal, pero - sobre todo- a amarlo permaneciendo con Él en la alegría propia de una relación de filiación (por eso Él es el Abba, es decir, el Padre). Permanecer en relación con Él aprovechando al máximo la vida que nos dio como un kairós (es decir, como un tiempo de salvación, como una oportunidad de realización).

 

Pero la relación con Dios no nos aísla de los otros. Al contrario, nos hace más conscientes de ellos y de lo que les debemos. La pregunta acerca de lo que debemos dar a Dios está, entonces, ligada a la pregunta acerca de lo que le debemos dar a los otros seres humanos, a nuestros semejantes. ¿Qué les debemos? La respuesta parece ser clara (al menos en teoría), pero es muy compleja en la práctica: les debemos reconocimiento, respeto, solidaridad, apoyo, transparencia, justicia, inclusión…amor. Eso es lo que aparece claro en las lecturas de este domingo.

 

La primera lectura pone el dedo en la llaga. Denuncia un problema social: la explotación y la opresión del otro. Este fenómeno debe indignar y movilizar a todos no sólo a rechazar y protestar las diversas formas de opresión/explotación, sino a empeñarnos en crear las condiciones para una vida digna, para una sociedad diferente. La lectura del libro del Éxodo nos invita, hoy, a reconocer al otro como “verdadero otro”. Es interesante notar la insistencia que el texto pone en la sensibilidad de Dios frente al sufrimiento de los pobres: “No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé.” El grito (la queja) del oprimido no se pierde, pues Dios escucha. Eso es lo que se espera de todos: que seamos capaces de ver y de oír y que eso que vemos y oímos nos toque el corazón y la conciencia y nos mueva a actuar en coherencia.

 

Muchas formas de opresión/explotación existen. Cada época inventa las suyas. Incluso hay unas que se perpetúan. Veamos: “Si prestas dinero a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses”. Es curioso que esta práctica aparezca ya en un libro tan viejo como el Éxodo. En todo caso, la denuncia y el llamado siguen siendo actuales ¿No sigue sucediendo esto, en el mundo entero? Las prácticas de usura a pequeña y a gran escala; a nivel interpersonal, pero también a nivel institucional; dentro de un país pero también en dimensiones internacionales, se mantienen. El trabajo y la vida de las personas no se libra de su poder depredador.

 

Pero la enseñanza de Jesús es clara: la relación con Dios y la relación con el prójimo no se deben separar. Este tipo de esquizofrenia no está bien. Lo que se nos pide es integrar la vida toda. Jesús es muy claro: “ama a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”. En esto se resume toda la Revelación de Dios. No falta quien crea que, porque ya hizo su rosario o fue a misa o realizó otra expresión y práctica religiosa, ya cumplió con Dios y, sin pensar que la vida es UNA, se da el derecho de maltratar (de diversas formas) a los demás de su especie… y a otras especies. ¿Será esto la religión? ¿Será esto la experiencia de Dios?

 

San Pablo – que con su carta se dirige no sólo a los cristianos de Tesalónica sino a los cristianos de todos los tiempos - recuerda que lo más importante para el seguidor de Jesús (y en particular, para el evangelizador, el pastor) es su comportamiento, su actuar: “Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien.” E invita a todos a acoger y apoyarse en la Palabra: “…seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra…” ¿De qué Palabra se trata? En primer lugar, se trata de la enseñanza de Jesús. Él es el Maestro. En segundo lugar se trata de la Biblia en su totalidad, acogida como Palabra de Dios, para el creyente. En ella el creyente encuentra orientación, guía y criterio para la vida. Pero hay que conocerla, familiarizarse con ella, comprenderla y – sobre todo – interpretarla y actualizarla adecuadamente. ¿Qué enseña esta Palabra? Enseña a amar y a no separar el amor a Dios del amor al prójimo. No tenemos dos corazones, sino UNO.

 

San Pablo, en su texto, reconoce el crecimiento y la solidez en la fe de la comunidad cristiana de Tesalónica. Les dice: “Vosotros llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes…” ¿No es, acaso, esto lo que se espera de una auténtica comunidad cristiana? ¿Qué tan cerca o tan lejos estamos (como comunidad) de esta madurez en la fe?

 

Jesús y Pablo nos invitan a pasar de la ley al amor o mejor a llenar de amor la ley. Cuánta gente apegada a la ley. Es interesante. La ley es necesaria. Sin duda. No se la puede tirar a la basura. Pero la ley sin amor y sin respeto por el (los) otro(s), puede transformarse en un peligroso instrumento de opresión. Hay que tener cuidado. Ah… nuestros países son también muy especiales….en ellos abundan las leyes.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el...

 

 


Salmo 17

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

 

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; / Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.

 

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, / mi fuerza salvadora, mi baluarte. / Invoco al Señor de mi alabanza / y quedo libre de mis enemigos. R.

 

Viva el Señor, bendita sea mi Roca, / sea ensalzado mi Dios y Salvador. / Tú diste gran victoria a tu rey, / tuviste misericordia de tu Ungido. R.

 

 

Por último, te invito a que hagamos juntos la siguiente oración:

 

Dios, Padre nuestro. Te damos gracias por el don de la vida. Confiamos en tu Palabra, creemos en tu Palabra llamada Jesús. Aumenta nuestra fe, nuestra esperanza y, sobre todo, nuestra capacidad de amar, de modo que seamos capaces de unir el amor a ti con el amor a nuestros semejantes. Amén.

 


 

¿Tienes alguna pregunta, duda, inquietud, sugerencia o comentario acerca de estas reflexiones?

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