29 Domingo del Tiempo Ordinario ciclo A


Te comparto la reflexión correspondiente al 29 Domingo del  Tiempo Ordinario ciclo A, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.

 



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Nota acerca de la fecha: En el 2014, corresponde al Domingo 19 de Octubre.

 



Isaías 45,1.4-6

Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano: "Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro."


 

Salmo 95

Aclamad la gloria y el poder del Señor.

 

Cantad al Señor un cántico nuevo, / cantad al Señor, toda la tierra. / Contad a los pueblos su gloria, / sus maravillas a todas las naciones. R.

 

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, / más temible que todos los dioses. / Pues los dioses de los gentiles son apariencia, / mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.

 

Familias de los pueblos, aclamad al Señor, / aclamad la gloria y el poder del Señor, / aclamad la gloria del nombre del Señor, / entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.

 

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, / tiemble en su presencia la tierra toda; / decid a los pueblos: "El Señor es rey, / él gobierna a los pueblos rectamente." R.

 



 

1Tesalonicenses 1,1-5b

Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza

 

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordemos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados en Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

 

 



Mateo 22,15-21

Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

 

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: "Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?" Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: "Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto." Le presentaron un denario. Él les preguntó: "¿De quién son esta cara y esta inscripción?" Le respondieron: "Del César." Entonces les replicó: "Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios."

 

 

Te comparto algunas reflexiones acerca de las lecturas anteriores:

 

Nos encontramos, hoy, en la primera lectura ante un texto especial. Dios dice a Ciro, rey de Persia. Te doy un título sin que tú me conozcas. Y, además, le da una misión, de la cual el mismo Ciro no parece ser muy consciente.

 

El texto pasaría inadvertido o sería muy extraño si no lo ponemos en su contexto. El pueblo antiguo de Israel, al final del siglo VI, esto es, por el año 587 fue invadido por el imperio babilónico y una buena parte de la población fue deportada a Babilonia. Fueron tiempos difíciles y tanto los exiliados como los que se quedaron, se preguntaban si Dios los había abandonado. Aparecieron algunos profetas que, yendo más allá de la lectura sociopolítica, insistieron en que esta era una prueba y que la situación era la consecuencia del comportamiento ingrato de Israel respecto de Dios (se había apartado de la ley y había quebrantado la alianza).

 

Los profetas del exilio, sin embargo, insistieron en que Dios no había olvidado a su pueblo. Y, contra toda esperanza, anunciaron que Dios intervendría una vez más a favor del pueblo. Durante el período que duró el exilio otro imperio se levantaba: Los persas. Este nuevo imperio se fortaleció y se impuso a los babilonios. Israel pasó así de unas manos a otras y, hacia el año 536, Ciro -emperador persa- promulgó un decreto según el cual les era permitido a los pueblos vasallos exiliados volver a sus tierras de origen.

 

Los profetas tenían razón: Dios, se había valido de estos acontecimientos nuevos y de este nuevo emperador para dar una nueva oportunidad a Israel. Con esto Israel comprendió varias cosas que marcaron su historia colectiva, su memoria y su corazón:

 

1)      Dios no olvida su alianza y es fiel.

 

2)      Dios no es sólo el Dios de Israel, sino el Señor de la historia.

 

 

3)      Dios, misteriosamente, por caminos insospechados, va realizando su plan de salvación.

 

4)      Dios ofrece constantemente a los creyentes una nueva oportunidad, pero cada oportunidad exige elevar el nivel de responsabilidad.

 

 

5)      Si Dios se vale de la acción de un rey pagano (esto es, extraño al pueblo) entonces Dios despliega su salvación donde quiere, incluso fuera del pueblo de Israel. Nadie es dueño de Dios ni de su acción. Él es libre.

 

6)      Como consecuencia de todo lo anterior: no hay muchos dioses, sino uno. Por eso el estribillo del texto: “Yo soy el Señor, y no hay otro”.

 

 

Son muchas las enseñanzas que nos quedan de esta lectura. Vale la pena meditar cada uno de los puntos señalados.

 

 

La segunda lectura nos sitúa – ya en perspectiva propiamente cristiana- en relación con el gran misionero Saulo, que conocemos bajo su nombre helénico: Pablo de Tarso. Escribe a la comunidad cristiana de Tesalónica. Esta comunidad fue fundada por él hacia el año 49-50 d.C., con ocasión de su segundo viaje misionero. Tesalónica era en la época uno de los más importantes puertos comerciales del Mar Egeo. Pasó allí poco tiempo (3 o 4 meses), pero de este trabajo evangelizador surgió una comunidad dinámica, que supo mantener la fe y crecer. Dos cosas que toda comunidad cristiana (y todo creyente) debe buscar.

 

Haciendo seguimiento a esta comunidad, Pablo envía a Timoteo allí para ver cómo van las cosas. Qué importante es hacer seguimiento y no dejar las cosas a la deriva. Este es otro punto clave en el “pastoreo de una comunidad” y en la vida. Hay que hacer seguimiento. Timoteo regresa con buenas noticias, le cuenta a Pablo que encontró una comunidad viva. Llama la atención que Pablo, en su carta, recoge las características de la fe de esta comunidad:

 

a)      fe activa,

 

b)      amor sacrificado y

 

c)      esperanza en Jesucristo.

 

 

¿Cómo son nuestras comunidades? ¿Cómo son nuestras parroquias? ¿Qué tipo de fe se desarrolla en ellas? ¿Qué esfuerzos hacemos todos para que nuestras comunidades tengan estas características? ¿Qué se requiere para llegar allí? Son preguntas que debemos hacernos y que nos deben llevar a estrategias y a acciones concretas.

 

 

El relato del evangelio de Mateo nos lleva a algo fundamental: poner las cosas en orden, darle a cada realidad el valor que tiene. De entrada, hay una pregunta, formulada por las autoridades religiosas a Jesús. Hacer preguntas es importante, es legítimo siempre y cuando nos anime la sana inquietud, la recta intención y una actitud honesta hacia quien dirigimos la pregunta.

 

Precisamente esto es lo que no sucede. Mateo es claro al decirnos que “…se reunieron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta”. La pregunta estaba viciada. Claro, esto que allí aparece se repite con frecuencia. No son solamente los fariseos de la época de Jesús. Somos también nosotros. ¿Qué tipo de preguntas hacemos? ¿Cuál es nuestra intención? ¿Qué actitud tenemos hacia las personas que nos rodean? ¿Cómo las vemos?

 

La respuesta de Jesús a la pregunta capciosa de los fariseos nos sitúa en el horizonte del discernimiento: ser capaces de distinguir entre los caudillos políticos y sus proyectos y Dios y su proyecto. No son lo mismo y no se los debe tratar al mismo nivel. Los primeros son necesarios, pero pasan. Dios es esencial y no pasa. Los primeros están movidos por muchos intereses (algunos altruistas y otros, no tanto). Dios está movido por su amor. Cada uno tiene su propio valor y nivel y no hay que confundir las cosas.

 

Prescindir, en la historia humana, de las instancias políticas y de las estructuras sociales es imposible. Sería una locura pretender que la sociedad funcione sin ellas. El funcionamiento de la sociedad las reclama. Pero hay que vigilar, hacer seguimiento. Pero todas estas personas y estructuras son relativas. Debemos ser responsables de la construcción histórica del mundo, pero estamos llamados por Dios a una existencia que supera las concreciones históricas: ningún proyecto agota la sed de sentido de la existencia humana. Ningún proyecto histórico puede pretender ser la realización definitiva del Reino de Dios.

 

Es claro que el evangelio de Mateo nos sitúa ante un texto polémico, en un contexto social en el que se divinizaba al Emperador y se absolutiza su poder. Jesús con su respuesta “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” vuelve a poner las cosas en su lugar: evitar la divinización del Emperador y relativizar los poderes de este mundo. Esto es válido para todas las épocas: el título de emperador ya no se usa, pero las figuras de poder, las estructuras de poder y los juegos de poder existen. Pero lo fundamental es que nadie se “endiose”, pues “Dios no hay sino UNO”. Lo mismo que afirma Jesús lo sostiene el profeta Isaías en la primera lectura.

 

Pagar tributo: es una práctica muy antigua. En todas las sociedades se ha usado este mecanismo económico, administrativo y político. Ellos son, al menos en la idea original, necesarios para que la sociedad funciones bien (o por lo menos adecuadamente). El problema aparece cuando los tributos (impuestos) son exigidos (esto es, cuando son pagados por la población), pero la sociedad no funciona, las cosas no se hacen y los impuestos pasan a inflar los bolsillo de los gobernantes y otros personajes. Estamos (antes y ahora) ante el problema de la corrupción y de abuso de poder. Estos comportamientos amañados son tan viejos como la misma humanidad, y frente a ellos, hay que reaccionar.

 

Detrás del texto propuesto está el tema de la dominación. Jesús – con su praxis y con su enseñanza- reveló (mostró) que Dios no se comporta como un emperador dominador y tirano, sino como una Padre amoroso (como el Abbá, expresión aramea que quiere decir “papacito”). Jesús dejó claro que lo que Dios plantea es la construcción de comunidades (sociedades) donde reinen la fraternidad y la solidaridad entre los seres humanos. La propuesta cristiana encarna – por su naturaleza – una postura de rechazo contra la dominación y la exclusión (de cualquier tipo) fuera de la iglesia y, también, dentro de ella. ¿No sigue siendo el tema de la exclusión/inclusión un tema recurrente en las agendas sociales, políticas y religiosas? Si el tema está en las agendas es porque el problema sigue vivo…

 

 

Por último, te invito a que hagamos juntos la siguiente oración:

 

¡Oh! Dios, danos una mirada amplia y abierta, para reconocer los canales diversos a través de los cuales Tú actúas. Danos el discernimiento necesario para no confundir las cosas, para no dar tu puesto a otras realidades que no lo merecen e infunde en nosotros el valor necesario para cuidar y exigir los verdaderos derechos. Amén.

 


¿Tienes alguna pregunta, duda, inquietud, sugerencia o comentario acerca de estas reflexiones?

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