26 Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)

 

 

La siguiente es la reflexión correspondiente al 26 Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C) acerca las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía.

 

 

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Nota acerca de la fecha: En el 2013, corresponde al Domingo 29 de Septiembre.

 


 

Libro de Amós 6,1.4-7

¡Ay de los que se sienten seguros en Sión y de los que viven confiados en la montaña de Samaría, esos notables de la primera de las naciones, a los que acude la casa de Israel! Acostados en lechos de marfil y apoltronados en sus divanes, comen los corderos del rebaño y los terneros sacados del establo. Improvisan al son del arpa, y como David, inventan instrumentos musicales; beben el vino en grandes copas y se ungen con los mejores aceites, pero no se afligen por la ruina de José. Por eso, ahora irán al cautiverio al frente de los deportados, y se terminará la orgía de los libertinos.

 

· Nos encontramos ante un nuevo texto de la profecía social del s. VIII. Es la continuación de una serie de denuncias que hace el profeta Amós (que ya nos había hablado el domingo pasado).

 

· En el contexto político Israel está pasando por un muy buen momento, pero lo que parecía ser una situación de política exterior pacífica y abundancia para los poderosos se tradujo, al interior del país, en una compleja situación de desigualdad social.

 

· Pero Israel no pensó que Asiria extendería su dinámica expansionista hacia el sur y, años más tarde, sería invadido y dominado. Por eso Amós (con una clara visión de las cosas) anuncia la invasión que viene del Norte, pero la interpreta teológicamente (atención a no confundir lectura teológica con voluntad de Dios) como “castigo divino”. Lo que quiere decir Amós es que este desenlace (la invasión Asiria) ha sido causado por los responsables del pueblo, que obnubilados por el espejismo de la riqueza y la codicia permitieron la injusticia…el castigo, ellos se lo buscaron.



· La denuncia de Amos se dirige a los notables que confiados en sus posesiones y riquezas piensan que lo tienen todo asegurado y no se conduelen del pueblo que sufre (“No se afligen por la ruina de José”) y se desentienden de Dios. Esto es lo que más duele al profeta y lo que – según él – Dios rechaza con vehemencia. La abundancia de unos pocos contrasta dolorosamente con la miseria de muchos. Y esta miseria – que es fuente de sufrimiento – es un escándalo a los ojos de la fe.



· Amós les anuncia que irán a la ruina y serán los primeros de los deportados. Este oráculo profético es muy duro: tiene tintes de castigo y es un anuncio de desgracia (la deportación), que es vista por Amós no sólo como la consecuencia de las variables socio-políticas, sino como consecuencia del pecado (especialmente la corrupción y las prácticas dominadoras de los poderosos, de los notables, de los dirigentes del pueblo)

 

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Primera Carta de San Pablo a Timoteo 6,11-16

En lo que a ti concierne, hombre Dios, huye de todo esto. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad. Pelea el buen combate de la fe, conquista la Vida eterna, a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe, en presencia de numerosos testigos. Yo te ordeno delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y delante de Cristo Jesús, que dio buen testimonio ante Poncio Pilato: observa lo que está prescrito, manteniéndote sin mancha e irreprensible hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo, Manifestación que hará aparecer a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad y habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre vio ni puede ver. ¡A él sea el honor y el poder para siempre! Amén.

 



· Ser cristiano es hacer opciones…Opciones que conecten con la voluntad de Dios, con su proyecto y con sus valores (Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad). Ser hombre de Dios supone entonces discernir, “agarrar” algunas cosas y soltar otras.



· Lo anterior parece fácil, desde el punto de vista teórico, pero en la práctica exige claridad, esfuerzo, perseverancia, lucidez, cierta disciplina para cultivar un estilo de vida coherente… Se requiere la sabiduría de Dios: esa sabiduría espiritual que viene del Espíritu. Porque no es fácil San Pablo habla, entonces, de la fe como de un combate.



· Es interesante que –en la manera que tiene Pablo de presentar la vida cristiana – se conjugan dos elementos: en varios apartes de sus cartas, Pablo nos dice que la salvación es un don que sólo Dios da. En este texto nos dice que hay que alcanzarla, lucharla, trabajarla: conquista la Vida eterna.

 

· Pablo recuerda a Timoteo que hizo profesión de fe y esta profesión es un llamado a la coherencia, una exigencia. Es más, le recuerda que hizo esta profesión de fe delante de muchos testigos. Y, nosotros ¿no hacemos esta profesión de fe (delante de muchos testigos) cada domingo cuando – en el contexto de la celebración eucarística – proclamamos el Credo? Es exactamente lo mismo. Debemos tener cuidado para que esta profesión de fe no se nos convierta en una fórmula que rezamos mecánicamente por la costumbre del rito.

 

· El tono de la carta nos permite ver el temperamento de Pablo, la manera como él asumía la experiencia del seguimiento de Cristo y lo que él esperaba de aquellos que hicieran la misma opción (por ejemplo Timoteo…Por ejemplo, nosotros). Las palabras de Pablo son muy claras: Yo te ordeno delante de Dios y delante de Cristo Jesús: observa lo que está prescrito, manteniéndote sin mancha e irreprensible hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El eje fundamental de este texto es, sin duda, la coherencia.

 

· Pero no olvidemos quién fue Timoteo: un líder cristiano, un responsable de comunidad. Todo cristiano (pero, sobre todo, los líderes de comunidad, esto es, los pastores) debe ser una persona de Dios en virtud de su consagración al servicio.



· Es interesante examinar las cualidades (las características) que – según el autor de la carta- deberían tener estos pastores y, por extensión todos los cristianos: justicia, piedad, fe, amor, constancia, bondad. ¿Cómo son los pastores de la Iglesia? ¿Cómo viven? ¿Cómo se relacionan con la comunidad creyente?

 

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Evangelio según San Lucas 16,19-31


Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: 'Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan'. 'Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí'. El rico contestó: 'Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento'. Abraham respondió: 'Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen'. 'No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán'. Pero Abraham respondió: 'Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán'.



· Este relato está ligado al tema de la incompatibilidad que existe entre la opción de seguir a Jesucristo y el apego a los bienes.



· Hay que tener cuidado para no hacer una lectura fundamentalista del texto y hacerse ideas demasiado topográficas del cielo y del infierno (que son categorías esencialmente teológicas). Se trata de lenguajes para expresar realidades espirituales, planteamientos teológicos y convicciones profundas. Lucas es el único evangelista que presenta (de manera un poco gráfica, usando las categorías y el lenguaje de la época) la situación de los individuos en el más allá. Pero utilizando estas imágenes no busca dar una información científica o fáctica sobre “el otro mundo”, sino indicar – desde el punto de vista de la misericordia y de la ética cristiana – el camino que lleva a la salvación. Sólo el amor y la misericordia conducen a la salvación, pero deben ser concretos.



· Queda claro que el amor a Dios es inseparable del ejercicio concreto de la misericordia (en esta vida). Igualmente, queda claro que eso que teológicamente llamaríamos “el más allá” está inexorablemente ligada a la manera como vivamos “el más acá” (esta vida).



· Esta enseñanza no es nueva, incluso se le reprocha al rico insensible no haber hecho caso a lo que dicen la Ley y los Profetas (es decir, los escritos del Antiguo Testamento).



· El texto tiene una dimensión socio-política clara: la fe en Dios pide que – mientras el ser humano peregrina por esta historia – se comporte de manera justa y trabaje por un mundo más justo, donde todos tengan su espacio (es decir, donde no haya exclusión).



· Ningún ser humano debería estar sometido a vivir de las “sobras de otro”. Es una cuestión de dignidad humana, de reconocimiento, de respeto.



· El gran peligro es que el apego desmedido a las riquezas genera, por un lado, condiciones de desigualdad, por otro, esclavitud en quien padece tal apego. Además, se pierde la sensibilidad por el necesitado que sufre y se pierde, además, el sentido y la finalidad de la misma existencia humana.

  

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Terminemos orando con el Salmo 146(145)

El Señor da su justicia a los oprimidos,
da su pan a los hambrientos.
El Señor libera a los presos.
El Señor da la vista a los ciegos,
el Señor endereza a los encorvados,
el Señor ama a los justos;

El Señor da protección al forastero,
y reanima al huérfano y a la viuda,
pero desvía el camino de los malvados.
El Señor reina para siempre,
tu Dios, Sión, de generación en generación.
¡Aleluya!

 

 

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