25 Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Te comparto la reflexión correspondiente al 25 Domingo del  Tiempo Ordinario (ciclo A), sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.

 



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Nota acerca de la fecha: En el 2014, corresponde al Domingo 21 de Septiembre.




Libro de Isaías 55,6-9.

¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y Él le tendrá compasión; a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.

 

 

Carta de San Pablo a los Filipenses 1,20b-26.

Hermanos: Estoy completamente seguro de que ahora, como siempre, sea que viva, sea que muera, Cristo será glorificado en mi cuerpo. Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si la vida en este cuerpo me permite seguir trabajando fructuosamente, ya no sé qué elegir. Me siento urgido de ambas partes: deseo irme para estar con Cristo, porque es mucho mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que permanezca en este cuerpo. Tengo la plena convicción de que me quedaré y permaneceré junto a todos ustedes, para que progresen y se alegren en la fe. De este modo, mi regreso y mi presencia entre ustedes les proporcionarán un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús.

 

 

Evangelio según San Mateo 19,30.20, 1-16.

Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros. Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'. Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'. El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'. Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».

 

 

Te comparto algunas reflexiones acerca de las lecturas anteriores:

 

Las lecturas de este domingo nos sitúan frente a grandes preguntas y frente a experiencias humanas y espirituales fundamentales.

 

El profeta Isaías se dirigió a un pueblo cansado, sufriente y desesperanzado que había pasado por la prueba del destierro. A esa comunidad el profeta le recuerda - desde la perspectiva de la fe – tres experiencias fundamentales:

 

a)      Buscar, a pesar del cansancio: ¿Quién no ha buscado algo que se le perdió? ¿Quién no ha buscado algo que ha deseado conseguir? Buscamos no sólo cosas. También buscamos personas, relaciones, conocimiento, sabiduría. Nos buscamos a nosotros mismos. Puede ser – y este es el llamado de Isaías – que nos arriesguemos a buscar a Dios, pues en Él encontramos algo que nadie, excepto Él, puede asegurarnos. “Busquen al Señor, ahora que podemos encontrarlo…” El llamado es claro: hay que buscar YA, pues esta vida pasa y cuando ella se acabe no hay cómo hacerlo.

 

b)      Cambiar el modo de vivir, corrigiendo lo que no está bien: “Abandone el malvado su proceder” dijo el profeta. Quizá digamos: “pero, yo no soy tan “malo(a)” Es muy posible, pero - sin duda- encontraremos cosas qué cambiar, aspectos a corregir. La perfección es más una idea que una realidad y siempre estamos en camino. Además ¿De qué perfección se trata? ¿Qué significará la expresión: “ser perfectos en el amor”? Por otro lado, no es sólo la propia vida la que hay que transformar. Hay que transformar también – humanizándolos - la sociedad, el mundo, las maneras de convivir, la economía, la educación, etc.,… Y eso depende de todos.

 

c)      Tener un referente valioso: Nos movemos topográfica y geográficamente teniendo como guía algunos puntos de referencia. Sin puntos de referencia nos perdemos. Existencialmente también necesitamos esos puntos de referencia. La ética nos recuerda que los valores son esos puntos de referencia. También las virtudes. Obvio, no se trata de un cumplimiento mecánico de cosas. Por eso debemos aprovechar la inteligencia y la capacidad de discernir. El profeta Isaías recordó a la comunidad a la que se dirigió (y a través de ella a nosotros) que la referencia fundamental es Dios, su proyecto, su propuesta. Lo mismo dirá Jesucristo – algunos siglos después: “Yo no vine a hacer mi voluntad sino la voluntad de quien me envió”. Y Pablo de Tarso, percibió claramente que – desde la óptica cristiana – la referencia clave es Jesús de Nazaret, el Cristo (esto es, el Ungido y enviado de Dios). Por eso Pablo afirma con toda claridad: “…para mí vivir es servir a Cristo y morir es ganarlo para siempre.”

 

 

Por su parte, el relato propuesto por el evangelista Mateo nos presenta al Jesús Maestro, que a través de parábolas y ejemplos sencillos, toca otros aspectos claves de la vida y de la fe. Nos habla de:

 

a)      Dios que está siempre buscando al ser humano: habla de ello usando la figura del dueño de la viña que sale a buscar empleados para su viña. No es un Dios lejano, desentendido de la historia humana, insensible. Al contrario, es un Dios profundamente interesado en la humanidad toda, en cada persona. Él sale a buscar, a buscarme, a buscarnos ¿me dejo encontrar?

 

b)      Ser colaborador de Dios: Interesante la parábola, desde esta perspectiva. Dios tiene un proyecto (salvar); tiene una viña que necesita ser trabajada (el mundo), pero necesita colaboradores (nosotros), que se comprometan –allí donde están y con lo que saben y pueden hacer – con el mejoramiento de esta viña. ¿Qué le digo a Dios que me busca para el trabajo en su viña? ¿Muestro interés en este proyecto? ¿Me interesa esta viña? Ciertamente el desinterés de muchos por la viña - el mundo - es lo que ha provocado su degradación.

  

c)      Ocupar la vida en algo valioso: la vida es un don (Dios la dio para algo) y es –al mismo tiempo – una tarea (tarea que cada uno debe discernir y asumir responsablemente). En esta tarea ninguno es substituible. Cada uno(a) debe asumir su parte. Dejar pasar la vida sin hacer nada, perder el tiempo es, entonces, uno de los mayores pecados: “¿Por qué se quedaron aquí todo el día sin hacer nada?”

 

d)     Hay que comprender y fortalecer la lógica de inclusión: No importa el tiempo ni la hora… Dios sigue saliendo, sigue pasando, sigue llamando. Él quiere integrar la humanidad en su viña y en su proyecto. Integrar, incluir, participar. Es un proyecto en el que hay espacio para todos, en el que hay reconocimiento de la diversidad. ¿Qué puede decirnos esto, en medio de este mundo en el que podemos identificar tantas formas de exclusión? Hablamos mucho de inclusión, pero nuestras prácticas concretas ¿son realmente incluyentes? Una cosa es el discurso y otra…

  

e)      Históricamente habrá resistencias y sobre todo envidias: Las transformaciones siempre encuentran resistencia por parte de algunos, quizá de muchos. Pero la resistencia no debería desanimar ni matar el espíritu creador de cambio. La envidia, esa incapacidad para gozar con el bien ajeno, se hace presente (en otros, en todos, en mí…). Necesitamos entrar en un profundo proceso de conversión.

 

Nota: en un país en el que muchas personas, afectadas por el desempleo, buscan sin cesar cómo sobrevivir: 'Nadie nos ha contratado', esta parábola podría ayudarnos a motivar prácticas sociales más justas, más incluyentes.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el...

 


Salmo 145(144)

Señor, día tras día te bendeciré

 

Señor, día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.

El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad.

 

 

Por último, te invito a que hagamos juntos la siguiente oración:

 

Oh Dios, que has puesto la plenitud de la Ley en el Amor; concédenos conocer, amar y cumplir tu voluntad para que tu Reino esté cada día más presente y palpable en medio de nuestro mundo. Amén.


¿Tienes alguna pregunta, duda, inquietud, sugerencia o comentario acerca de estas reflexiones?

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