11 Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Te comparto la reflexión correspondiente al 11 Domingo del  Tiempo Ordinario Ciclo B, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2015, corresponde al Domingo 14 de Junio.



Ezequiel 17,22-24

Ensalzo los árboles humildes

 

Así dice el Señor Dios: "Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se hagas un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré."

 

 

ALGUNAS REFLEXIONES

 

Para comprender la primera lectura debemos situarnos en los siglos VII y VI a. C. El antiguo pueblo de Israel se encuentra amenazado por la expansión del imperio babilónico. En el año 605 a.C., Nabucodonosor (Rey de Babilonia) derrotó las tropas del imperio Asirio y dirigió sus objetivos hacia Egipto (lo cual incluía pasar por el territorio de Palestina, la tierra de Israel, el pueblo de la Biblia. En poco tiempo Babilonia dominó Palestina y así, una vez más, Israel cambiaba de dueño.  

 

Con todo, Nabucodonosor no consiguió conquistar Egipto. El rey de Israel de la época aprovechó esta coyuntura y creyó que era el momento de sacudirse el yugo babilónico. Sin embargo, Nabucodonosor reaccionó fuertemente, sitió la ciudad de Jerusalén y realizó en 958 a.C., la primera deportación. Hacia el año 587 a.C., sucedió una segunda deportación y con ella la monarquía en Israel llega a su fin. La mitad del pueblo queda dispersa en su tierra, pero en condiciones lamentables. La otra mitad irá casi toda al exilio en Babilonio (allí fueron las clases más pudientes y formadas) y un pequeño grupo se refugiará en Egipto.  

 

Es en esta época en que debemos situar al profeta Ezequiel (sacerdote de Jerusalén, que tendrá que vivir exiliado en Egipto; allí ejerció su servicio profético).  En medio del pueblo en exilio y sumido en una honda crisis de fe y de identidad nacional Ezequiel comprende que su misión debe consistir en explicar la dolorosa situación del pueblo en exilio y mantener viva la esperanza del pueblo. En una primera etapa la misión de Ezequiel consistió en destruir las falsas esperanzas de los exiliados (que pensaban que el exilio terminaría muy rápido y podrían volver, sin mayor perjuicio, a su tierra). Pero el exilio se prolongó: tuvieron que esperar casi 40 años antes de poder volver. Este regreso fue posible cuando el imperio Persa se impuso sobre el babilonio y cambió la política: permitió a los pueblos subyugados (que estaban en exilio) volver a su tierra… Claro a condición de permanecer sumisos a la autoridad imperial y pagar unos fuertes impuestos. ¿Cuándo se ha visto a un imperio dejar vivir a sus vasallos sin condiciones?

 

Ezequiel afirmó claramente al pueblo que su situación de desgracia en el exilio fue la consecuencia de las infidelidades cometidas contra Dios y contra la alianza pactada con Él. Sin embargo, el profeta anuncia que este no será el fin de Israel. Hay esperanza. Dios no ha abandonado – dice Ezequiel – a su pueblo, Él es fiel y mantiene firmes sus promesas de salvación, por eso suscitará una nueva oportunidad, a fin de que el pueblo pueda reconstruirse  y continuar vivo en la historia.  Con todo – dirá el profeta- lo que se espera es que Israel comprenda la lección vivida y cambie.

 

Es en este contexto en que debe ser situado el bello oráculo de salvación que es propuesto en la primera lectura. De este oráculo subrayamos algunos aspectos claves:


  • Se trata de una iniciativa y de una decisión de Dios: “Yo mismo arrancaré un nuevo ramo y voy a plantarlo en un monte alto; en la excelsa montaña de Israel lo plantaré” El retorno es posible y, con él, la restauración del pueblo.
  • El pueblo tiene futuro, renacerá y se fortalecerá: “Este ramo nuevo crecerá y lanzará sus ramas y dará frutos y se transformará en un cedro majestuoso”.  Notemos que de muy poco (un pueblo arruinado y en exilio) Dios sacará un nuevo pueblo. Este tema aparecerá de otra manera en el Evangelio.
  • Lo que Dios quiere no es un pueblo cerrado, pensando en sí mismo, sino un pueblo abierto, que sea capaz de hacerse servidor de los demás pueblos: “En este cedro majestuoso harán nido todas las aves, todas las especies de pájaros habitarán a la sombra de sus ramas” (Este tema volverá a aparecer en una de las parábolas del Evangelio).  No existimos para encerrarnos sino para relacionarnos y ayudarnos.
  • El pueblo debe comprender que – delante de Dios – la humildad (no el orgullo) es el verdadero camino que conduce a la salvación: “Yo soy el Señor: yo humillo el árbol elevado y elevo el árbol modesto”.

 

Al leer y meditar este texto podemos comprender que:

 

  1. Dios es siempre fiel. Somos nosotros los que somos infieles. Dios no olvida jamás sus promesas.
  2. Muchos de nuestros sufrimientos y de nuestras desgracias son consecuencia de nuestras malas decisiones y de nuestro olvido de Dios.
  3. Siempre hay esperanza, pero ella debe estar acompañada de un compromiso serio que busque la renovación, el cambio profundo. Cambio que deberá afectar positivamente el entorno, el mundo.
  4. Unidos a Dios podemos  aspirar a una experiencia de transformación y crecimiento auténticos.
  5. El llamado que Dios hace no es sólo para la búsqueda de nuestro bienestar y realización, sino para que nos comprometamos con el bienestar y la realización del mundo, de los otros.
  6. El orgullo es una tendencia destructiva. Sólo el amor y la humildad nos permiten avanzar en la convivencia y en el conocimiento de Dios.
  7. Debemos ser portadores de esperanza, siguiendo el ejemplo del profeta Ezequiel. Pero debemos distinguir entre falsa y verdadera esperanza.   




  

2ª Corintios 5,6-10

En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor

 

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo.

 

 

ALGUNAS REFLEXIONES

 

Hacia el año 56- 57, llegan a Corinto algunos misioneros itinerantes que alteraron la vida de la comunidad cristiana fundada por Pablo. Estos cristianos de línea judaizante criticaban a Pablo, ponían en tela de juicio su enseñanza y su calidad de apóstol, queriendo obligar a todos los cristianos a pasar primero por la ley Mosaica antes de hacerse cristianos.  Pablo reacciona, viaja a Corinto e intenta resolver infructuosamente estas diferencias. Entonces viaja a la ciudad de Éfeso y de allí envía a Tito a Corinto, quien al regresar trae buenas noticias: el conflicto ha sido resuelto y los cristianos de Corinto están nuevamente en comunión con Pablo. En este contexto Pablo escribe la carta a los Corintios, haciendo una serena defensa de su apostolado y recordando algunos puntos claves sobre la manera como debe ser entendida la vida desde la fe cristiana. Subrayamos los siguientes:

 

  • La vida en este mundo es pasajera y está marcada por la finitud: “… mientras habitamos en este cuerpo”.
  • Precisamente porque la vida es transitoria nuestra peregrinación por el mundo debe ser asumida responsablemente. Ella es un caminar que tiene como meta final el encuentro pleno y definitivo con Dios, en quien podemos lograr nuestra plena realización: “…para irnos a morar junto con el Señor”.
  • En esta peregrinación (que es la vida) podemos contar con la fe. No vemos claramente, caminamos entre luces y sombras, pero la fe nos ayuda a no perder el norte: “Caminamos a la luz de la fe y no en la claridad plena”.
  • En la fe vislumbramos que la vida tiene sentido porque está ligada a Dios y porque hemos entrado en alianza con Él. Cuando se vive en alianza se comprende que debemos evitar aquello que pueda herirla o destruirla. En este sentido podemos entender las palabras de Pablo cuando escribe: “Por eso nos empeñamos en agradarlo”.

 

Todo lo anterior nos ayuda a comprender que el Reino de Dios está ya presente en nuestra vida, pero solo llegará a su plena maduración en nosotros al final de los tiempos. Debemos caminar manteniendo juntas la esperanza y la responsabilidad. Pablo quiere animar a los cristianos de Corinto insistiéndoles que, en esta vida, vale la pena acoger los desafíos y asumir los sufrimientos que se desprenden de la fidelidad a Dios, pues al final del camino le espera al discípulo fiel una vida nueva y plena en Dios.

 

Pablo subraya el contraste entre esta vida terrena y la vida eterna usando la metáfora de la tienda que se monta y se desmonta (la metáfora es imagen de la transitoriedad de la vida en este mundo). La vida eterna será representada por una casa sólidamente construida subrayando así la idea de permanencia.

 

Podemos preguntarnos:

 

¿Qué es lo verdaderamente importante para nosotros?


¿Cuáles son las metas a las que aspiramos?


¿Cómo estamos haciendo nuestra peregrinación por este mundo?


¿Comprendemos que nuestra peregrinación personal está ligada a la peregrinación de toda la humanidad?




 

Marcos 4,26-34

Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega." Dijo también: "¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas." Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra acomodándose a su entender. Todo se los exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

 

 

ALGUNAS REFLEXIONES

 

El evangelista Marcos nos presenta dos parábolas contadas por Jesús. Dichas parábolas son una catequesis sobre el Reino de Dios, es decir, sobre la presencia amorosa de Dios que transforma y renueva la vida. El Reino nos propone un proyecto que -si es visto con los ojos mercantilistas de hoy- podría ser considerado por muchos como algo absurdo y destinado al fracaso. Sin embargo, visto a partir de la fe, el Reino de Dios revela el dinamismo del Amor que es capaz de provocar transformaciones inéditas y maravillosas. El Amor es capaz de transformar los corazones, las mentalidades, las acciones y la convivencia humana.

 

Es interesante percibir la sencillez del lenguaje de Jesús. Al hablar en parábolas Él quiere ser comprendido por todos. No debemos confundir sencillez con superficialidad, son cosas diferentes. Con todo, Marcos, en su narración, procura subrayar la relación estrecha que Jesús tenía con el pequeño grupo de los Doce: “…en particular, explicaba todo a sus discípulos”.

 

La primera parábola subraya algunos elementos importantes del Reino de Dios anunciado por Jesús:

 

  • El grano germina y crece por sí solo. Con esto se resalta que la semilla va creciendo y madurando sin que el ser humano intervenga para acelerar su proceso. En realidad se está hablando de la acción de Dios.
  • La atención se centra en la relación que existe entre sembrar y recoger.
  • La cuestión esencial en esta parábola no es lo que el agricultor hace, sino el dinamismo vital de la semilla (es decir, la iniciativa y la acción de Dios).
  • Lo  que se quiere enfatizar es que el resultado final no depende del esfuerzo y de la habilidad humana (ellos son importantes pero no son lo definitivo), sino en el poder del Amor de Dios.
  • La acción de Dios es una acción discreta, silenciosa y misteriosa. Notemos que sucede durante la noche, cuando todos duermen y ningún obstáculo puede frustrarla.
  • La parábola invita a todos los creyentes a la serenidad y a la confianza en Dios que no duerme ni abandona su proyecto.

 

La segunda parábola (que conocemos como parábola del grano de mostaza) subraya otros aspectos del Reino de Dios:

 

  • El contraste entre la pequeñez de la semilla y la grandeza del árbol. Es esto lo que Dios puede hacer con nuestra pequeñez y fragilidad.
  • La comparación sirve también para hacernos tomar conciencia que la semilla del Reino (es decir, la vida de Jesús y su enseñanza) puede parecer una realidad pequeña e insignificante, pero está destinada a llegar a todos los rincones del mundo y transformarlos.
  • La parábola insiste en que el Reino de Dios tiene una fuerza irresistible: es capaz de transformar, de sacar de un grano un árbol fuerte y frondoso. Creer en el poder de Dios es fundamental para caminar en la fe.
  • La parábola también nos ayuda a entender que Dios se sirve, con frecuencia, de realidades pequeñas e insignificantes a los ojos humanos para realizar sus proyectos: el anciano Abraham, el inexpresivo Moisés, el rudo campesino Amós, la desconocida María, el temeroso Pedro… y nosotros mismos.
  • La parábola es una invitación a la esperanza y a la paciencia. Nuestro mundo actual carece de lo uno y de lo otro. Queremos las cosas de manera inmediata, las queremos rápidamente. Hemos perdido la capacidad de esperar y de esperar trabajando. En esta espera debemos aprender a acoger y a vivir la vida cotidiana, aparentemente ordinaria, de manera extraordinaria.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…





Salmo 91

Es bueno darte gracias, Señor.

 

Es bueno dar gracias al Señor / y tocar para tu nombre, oh Altísimo, / proclamar por la mañana tu misericordia / y de noche tu fidelidad. R.

 

El justo crecerá como una palmera, / se alzará como un cedro del Líbano; / plantado en la casa del Señor, / crecerá en los atrios de nuestro Dios. R.

 

En la vejez seguirá dando fruto / y estará lozano y frondoso, / para proclamar que el Señor es justo, / que en mi Roca no existe la maldad. R




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