En el Segundo Domingo después de Pentecostés, la liturgia nos trae el Evangelio del Banquete, figura que era del magno Banquete Eucarístico, al que todos estamos invitados por el Gran Padre de familias, por el Rey, que es Dios. Todos, aún los pecadores paralizados por la culpa, pues precisamente, para enderezarlos, y darles fuerzas, instituyó y preparó la Divina Sabiduría este banquete, del que nadie es excluido, si a él se acercare con la debida buena voluntad, y demás disposiciones de cuerpo y alma.
Ya el Domingo anterior, se nos inculcaba la práctica de la condescendencia y de la caridad fraterna, fruto sabrosísimo del misterio eucarístico, llamado con razón por San Agustín "atadura de caridad".
Son muchas las almas que corren alocadas tras los placeres mundanos, y rehúsan entrar en el banquete de la fe cristiana, en que la Iglesia las saciaría con el manjar de la doctrina evangélica. "Gustad y ved cuán suave es el Señor. No conoceréis Su dulzura mientras no le gustéis. Pero tocad con el paladar de vuestro corazón el Alimento, para que, gustando de Su dulzura, seáis capaces de amarla. El Hombre perdió Sus delicias cuando pecó en el Paraíso, y de él salió el día que cerró la boca al Alimento de la eterna dulzura" (San Gregorio).
Pero gracias al espíritu Santo, "hemos pasado de la Muerte a la Vida", y por eso buscamos nuestras delicias más bien junto al Tabernáculo en que está oculto Jesús, como aquellos lisiados y pobres del Evangelio, como el niño Samuel, cuyas delicias eran morar junto a su Dios y servirle en Su Santuario.
Huyamos del orgullo y del apego a las cosas terrenales, para que, "sólidamente cimentados en el Amor del Santo Nombre de Dios", y teniendo a Este siempre como Norte Supremo, nos vayamos de día en día haciendo más celestiales". Y así, "la gracia de la Comunión Eucarística recibida en el Divino Banquete, acrecentará en nosotros los frutos de salvación.
(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)
La Misa es el Sacrificio de la Cruz, incruentamente renovado en el altar. Es un Misterio de la Fe. Es atemporal. Mientras tanto Pablo VI, creador de la nueva “Misa”, la llamó la “Cena del Señor”. ¡Esto es herejía!Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para el Segundo Domingo después de Pentecostés:
Carísimos, no os extrañéis si os aborrece el mundo. Nosotros sabemos que hemos sido trasladados de la Muerte a la Vida, porque amamos a los hermanos. El que no los ama permanece en la Muerte. Y todo el que aborrece a su hermano es homicida. Pues ya sabéis que en ningún homicida la Vida Eterna tiene su morada. En esto hemos conocido la caridad de Dios, en que dio el Señor Su Vida por nosotros; también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano sufrir necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿Cómo es posible que resida en él la Caridad de Dios? Hijitos míos, no amemos de palabra, ni de boca, sino con obras y de verdad.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos esta parábola: Cierto hombre dispuso una gran cena, y convidó a muchos. Y envió a la hora de cenar a su siervo para decir a los convidados que viniesen, pues ya estaba todo dispuesto. Y empezaron todos a excusarse. El primero dijo: He comprado una granja, y necesito ir a verla. Ruégote que me des por escusado. El segundo dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dame, te ruego, por excusado. Otro dijo: Acabo de casarme, y así no puedo ir allá. Habiendo vuelto el criado, refirió todo esto a su amo. Irritado entonces el padre de familias, dijo a su criado: Sal luego a las plazas y barrios de la ciudad, y tráeme acá cuantos pobres, lisiados, ciegos y cojos hallares. Dijo después el criado: Señor, se ha hecho todo como mandaste, y aún sobra lugar. Respondiole el amo: Sal a los caminos y cercados, e impele a cuantos halles, a que vengan, para que se llene mi casa. Pues os aseguro que ninguno de los que antes fueron convidados, ha de probar mi cena.
Aprovechemos las valiosas enseñanzas que el Padre Pío Vásquez nos comparte a continuación, con ocasión del Segundo Domingo después de Pentecostés:
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