En el Quinto Domingo después de la Pascua, la Iglesia continúa cantando a Cristo Resucitado, y nos exhorta a unirnos a su oración. Libres del Pecado, por virtud de Su Preciosa Sangre, es preciso que escuchemos y pongamos por obra la Ley Perfecta de la Libertad contenida en Su Evangelio. Para eso pidamos a Dios, de quien todo bien procede, que nos dé a participar, por Su Gracia, de la vida nueva de Jesús.
La oración es tan necesaria al Hombre y al cristiano como lo es el agua al pez. "El que ora se salva, el que no ora se condena", dice San Alfonso de Ligorio, y con él lo repiten a coro todos los santos Padres y Doctores. Tal es la necesidad, tal la eficacia de la oración, cuando reúne las cuatro condiciones: atención, humildad, confianza y perseverancia.
Y se comprende fácilmente que así sea, pues el Hombre nada puede por sí solo (tan solo confiando en sus propias fuerzas) para alcanzar la Vida Eterna. Dios, por otra parte, ha empeñado su palabra. Dios es fiel, y su Palabra de Vida Eterna, no falla, no puede fallar; antes pasarán el Cielo y la Tierra. Ello nos debe infundir confianza, y más sabiendo que "el Padre mismo nos ama, porque hemos amado a Jesús".
(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)
Sabemos que el Santo Rosario ocupa el primer lugar entre las oraciones que la Iglesia recomienda a los fieles; esta excelente oración, fuente de tantas gracias para los vivos, es también singularmente eficaz para el alivio de los difuntos.Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para este Quinto Domingo después de la Pascua:
Carísimos:
Poned en práctica la Palabra Divina, y no os contentéis con oírla, engañándoos
a vosotros mismos. Porque si alguno oye la Palabra, y no la pone por obra, este
tal es semejante al hombre que contempla en un espejo su rostro al natural, y
que luego de mirarse se va, y a la hora se olvidó qué tal era. Mas el que hubiese mirado atentamente en la Ley de
perfecta libertad, y hubiese perseverado en ella, no siendo oyente
olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado por su hecho.
Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena
su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre consiste en
visitar a los huérfanos y a las viudas en sus
tribulaciones, y preservarse de la corrupción de este mundo.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: De
cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis a mi
Padre en mi nombre, Él os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedidle, y
recibiréis, para que vuestro gozo sea completo.
Estas cosas os he hablado usando comparaciones. Llegó el
tiempo en que ya no os hablaré con parábolas, sino que abiertamente os
anunciaré las cosas de mi Padre. Entonces le pediréis en mi nombre; y no os digo, que Yo
rogaré al Padre por vosotros; porque el mismo Padre os ama, porque vosotros me amasteis, y
habéis creído que Yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo,
y voy al Padre.
Le dicen sus discípulos: Ahora sí que hablas claramente, y no
dices ningún enigma. Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas
que nadie te pregunte; en esto creemos que has salido de Dios.
Aprovechemos las valiosas enseñanzas que Monseñor Fernando Altamira y el Padre Pío Vásquez nos comparten a continuación, con ocasión del Quinto Domingo después de la Pascua:
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