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Formas de evitar el Purgatorio - Gran devoción a la Santísima Virgen - Padre Jerónimo Carvalho - Santa Brígida - El Escapulario del Carmelo

“Si entre los religiosos o cofrades del Escapulario del Carmelo hay alguno cuyas faltas le lleven al Purgatorio, descenderé a ellos como una tierna Madre. El sábado después de su muerte, liberaré de sus penas a los que estén en el Purgatorio, y los conduciré a la Santa Montaña de la Vida Eterna”.





Si entre los religiosos o cofrades del Escapulario del Carmelo hay alguno cuyas faltas le lleven al Purgatorio, el sábado después de su muerte lo liberaré de sus penas y lo conduciré a la Vida Eterna.“Si entre los religiosos o cofrades del Escapulario del Carmelo hay alguno cuyas faltas le lleven al Purgatorio, descenderé a ellos como una tierna Madre. El sábado después de su muerte, liberaré de sus penas a los que estén en el Purgatorio, y los conduciré a la Santa Montaña de la Vida Eterna”.





SEGUNDA PARTE



Capítulo 58 - Formas de evitar el Purgatorio - Gran devoción a la Santísima Virgen - Padre Jerónimo Carvalho - Santa Brígida - El Escapulario del Carmelo

Un siervo de Dios resumió estos medios de evitar el Purgatorio y los redujo a dos. Dijo que, purificamos nuestras almas por el agua y por el fuego. Con esto quiso decir: por el agua de las lágrimas y la penitencia, y por el fuego de la caridad y las buenas obras.

 

En efecto, todo puede reducirse a estos dos ejercicios, y esta teoría está de acuerdo con la Escritura, donde vemos que las almas son lavadas de sus impurezas, y purificadas como el oro en el crisol.

 

Pero como no debemos quedarnos solo a nivel de teorías sino aprovechar lo que muestra la práctica, sigamos el método que hemos indicado, y que es practicado con éxito por los santos y los fieles fervientes.

 

En primer lugar, para obtener una gran pureza de alma y, en consecuencia, no temer tanto al Purgatorio, debemos tener una gran devoción a la Santísima Virgen María.

 

Nuestra Bondadosa Madre ayudará de tal manera a sus queridos hijos a preparar sus almas, y a aliviar su Purgatorio, que estos pueden descansar con la mayor confianza.

 

Ella misma no quiere que se inquieten por ello, ni que se debatan en medio de temores excesivos, como se dignó hacérselo saber a su siervo Jerónimo Carvalho, del que hablamos anteriormente: "Ten la seguridad, hijo mío -le dijo-, de que soy la Madre de la Misericordia para mis queridos hijos del Purgatorio, así como también para los que viven en la Tierra”.

 

En el libro, "Las Revelaciones de Santa Brígida", leemos algo parecido: "Yo soy -dijo la Santísima Virgen a esta santa- la Madre de todos los que están en el Lugar de Expiación; mis oraciones suavizan los castigos que se les infligen por sus faltas”.

 

Los que llevan el Escapulario santamente tienen un derecho especial a la protección de María.  La devoción del Santo Escapulario consiste, no en una forma de oración, como lo es el Santo Rosario, sino en la práctica piadosa de llevar una especie de prenda, la cual es como el uniforme de los siervos de la Reina del Cielo.

 

El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen del que estamos hablando aquí, se remonta al siglo XIII, y fue promovido por primera vez por el Beato Simón Stock, quinto general de la Orden Carmelita.

 

Este famoso siervo de María Santísima, nacido en el condado de Kent en Inglaterra en el año 1180, se retiró de joven a un bosque solitario para vivir en oración y penitencia.

 

Eligió como morada el hueco de un árbol, donde fijó un crucifijo y una imagen de la Santísima Virgen, a la que honraba como su Madre, y a la que nunca dejó de invocar con el más tierno amor.

 

Durante doce años le había rogado que le hiciera saber qué podía hacer que fuera más agradable para ella y para su Divino Hijo. Entonces la Reina del Cielo le dijo que entrara en la Orden del Carmelo, la cual estaba especialmente dedicada a su culto.

 

Simón obedeció y, bajo la protección de María, se convirtió en un religioso ejemplar, ornamento de la Orden Carmelita, de la que fue elegido superior general en 1245.

 

Un día, el 16 de julio de 1251, se le apareció la Santísima Virgen, rodeada de una multitud de espíritus celestiales, y su rostro irradiaba alegría.  Ella le entregó un escapulario marrón, diciendo: "Recibe, mi querido hijo, este escapulario de tu Orden. Es el signo de la cofradía en mi nombre y la marca del privilegio que he obtenido para ti y para los cofrades del Carmelo.  Quien muera piadosamente vestido con este hábito, será preservado del Fuego Eterno. Es un signo de salvación, una protección en los peligros, la prenda de una paz y una protección especiales hasta el fin de los siglos”.

 

El feliz anciano publicó por todas partes la gracia que había obtenido, mostrando el escapulario, curando a los enfermos y realizando otros milagros, como prueba de la maravillosa visión con que había sido bendecido.

 

Inmediatamente Eduardo I, rey de Inglaterra, San Luis IX, rey de Francia, y siguiendo su ejemplo, casi todos los soberanos de Europa, así como un gran número de sus súbditos, tomaron el santo hábito.

 

Este fue el comienzo de la famosa Cofradía del Escapulario, la cual fue pronto ratificada canónicamente por la Santa Sede.

 

Además, no contenta con conceder este primer privilegio, la Santísima Virgen María hizo otra promesa en beneficio de los devotos del Escapulario. Les aseguró una pronta liberación de las penas del Purgatorio.

 

Unos cincuenta años después de la muerte del Beato Simón, el ilustre Pontífice Juan XXII, mientras rezaba de madrugada, vio aparecer a la Madre de Dios, rodeada de luz y vistiendo el hábito carmelita.

 

Entre otras cosas, le dijo: "Si entre los religiosos o cofrades del Carmelo hay alguno cuyas faltas le lleven al Purgatorio, descenderé a ellos como una tierna Madre. El sábado después de su muerte, liberaré de sus penas a los que estén en el Purgatorio, y los conduciré a la Santa Montaña de la Vida Eterna”.

 

Es en estos términos que el Pontífice habla de María en la famosa Bula del 3 de marzo de 1322, comúnmente llamada "Bula Sabatina".

 

El Papa termina la bula con estas palabras: "Por tanto, acepto esta santa indulgencia, la ratifico y la confirmo en la Tierra, como Jesucristo la ha concedido gratuitamente en el Cielo por los méritos de la Santísima Virgen”.

 

Este privilegio fue confirmado posteriormente por un gran número de bulas y decretos de los Sumos Pontífices.

 

Así es entonces la devoción del Santo Escapulario. Está ratificada por la práctica de almas piadosas en toda la cristiandad, por el testimonio de veintidós Papas, por los escritos de un sinnúmero de eruditos escritores y por los milagros multiplicados desde hace 600 años.

 

“De tal manera -dice el ilustre Benedicto XIV- que quien se atreviese a cuestionar la solidez de la Devoción al Escapulario o a negar sus privilegios, sería un orgulloso despreciador de la religión”.





 

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