En Defensa de la Fe


Onceavo Domingo después de Pentecostés

Estamos en el Onceavo Domingo después de Pentecostés. Siguiendo la comparación del Breviario y el Misal, como hacíamos los domingos anteriores, veremos a Ezequías sanar de su grave enfermedad y librar a su pueblo de los enemigos que le asediaban. El santo rey es figura muy expresiva de Cristo, que resucitó de entre los muertos y alcanzó para los suyos, el poder salir de la Muerte del Pecado en que estaban sumidos.


Sigue la Sagrada Liturgia leyendo en estos domingos, los Libros de los Reyes, salvo si se ha llegado ya al mes de agosto, en cuyo caso se lee la Sabiduría.


En consonancia con esto podemos hoy traer a la memoria lo sucedido a Ezequías, rey de Judá. El rey de Asiria, Senaquerib, quiso apoderarse de Jerusalén, pero el Ángel del Señor, merced a la férvida oración del piadoso rey Ezequías, exterminó a 185,000 soldados asirios, y Senaquerib retrocedió a marchas forzadas, perdiendo la vida en la retirada.


Ya se lo había anunciado a Ezequías el gran profeta Isaías, su apoyo y consejero fidelísimo. Así que el reino de Judá tuvo 100 años más de vida que su hermano, el de Israel.


Sucedió que Ezequías cayó enfermo, y estando ya para morir, conforme se lo avisó el mismo profeta, oro al Señor con grandes súplicas, y así pudo aplazar la muerte 15 años. No sólo esto, sino que logró del Cielo una señal que les certificara de la verdad de la promesa profética, y fue que se detuviera la sombra del sol en el cuadrante de su palacio.


Pues toda la Misa de hoy insiste en este doble pensamiento. Por una parte, canta la victoria de Cristo sobre las potestades del Infierno. Y al mismo tiempo ensalza el triunfo conseguido contra los enemigos del hombre, dando a este la facultad de renacer a una nueva vida, la vida de la Gracia.


Lo mismo que Jesús hizo y dijo al obrar aquella maravillosa curación, hace y dice el sacerdote antes de administrar el santo Bautismo, expulsando de nosotros al demonio mediante el exorcismo del Ritual, pronunciando la Palabra de Jesús: “Effeta” (abríos); abríos oídos, para poder oír la Palabra de Dios, de manera que produzca en el alma gérmenes y frutos de Vida Eterna.


También pone el sacerdote su dedo humedecido en saliva sobre los oídos y narices del catecúmeno, imitando en esto a Jesús, mientras pronuncia aquella enérgica palabra, y luego le da a gustar un poquito de sal, la sal de la Sabiduría, para que el neófito pueda saborear la celestial Sabiduría, que está escondida en la religión cristiana, aunque a los ojos carnales pudiera parecer una locura, como les parece locura y desatino el misterio de la Cruz.


Nota además San Gregorio, “que si Cristo levantó los ojos y suspiró, no fue porque necesitara de todo eso, Él, que daba lo mismo que pedía, sino para enseñarnos a suspirar hacia aquel Señor que reina en los cielos, a fin de que abra nuestros oídos por el don el Espíritu Santo, y que por la saliva de Su Boca, o sea, por la ciencia de la Palabra Divina, desate nuestra lengua, capacitándola para predicar la Verdad.


Demos en este día nuevas gracias a Dios Nuestro Señor, el cual nos asoció mediante el Bautismo a la Resurrección de Su Hijo benditísimo, devolviéndonos la vida perdida por el Pecado, y curándonos de un modo aún más portentoso que el empleado en la curación del rey Ezequías.


Que todos aclamen a Dios, el cual, en la abundancia de Su Bondad, de derrama sobre nosotros Sus Misericordias, rebasando a todos nuestros merecimientos, y aún a nuestros mismos deseos, distribuyendo copiosamente sobre nosotros los frutos sabrosísimos del Espíritu Santo.



(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)



Y alzando los ojos al Cielo, suspiró y le dijo: “¡Effeta!” que quiere decir “abríos”. Y al punto se le abrieron los oídos y se le soltó el impedimento de su lengua y hablaba correctamente. Y alzando los ojos al Cielo, suspiró y le dijo: “¡Effeta!” que quiere decir “abríos”. Y al punto se le abrieron los oídos y se le soltó el impedimento de su lengua y hablaba correctamente.



Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para el Onceavo Domingo después de Pentecostés:



Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Corintios (I, 15, 1-10)

Hermanos, quiero ahora recordaros el Evangelio que os he predicado, que vosotros recibisteis, en el cual estáis firmes, y por el cual soy salvados, si es que lo conserváis tal cual yo os lo prediqué, porque de otra suerte, en vano habríais abrazado la fe. En primer lugar, os he enseñado lo mismo que yo aprendí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los once (Apóstoles). Posteriormente, se dejó ver en una sola vez de más de 500 hermanos juntamente. Muchos de ellos viven aún, otros en cambio ya murieron. Después se dejó ver de Santiago, luego de los Apóstoles todos. Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un abortivo. Pues yo soy el menor de los Apóstoles, que ni merezco ser llamado Apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Más por la Gracia de Dios, soy lo que soy, y Su Gracia no ha sido estéril en mí.



Evangelio según San Marcos (7, 31- 37)

En aquel tiempo, saliendo Jesús de tierras de Tiro, se fue por Sidón hacia el mar de Galilea, atravesando por mitad de la Decápolis. Y le trajeron un sordomudo, suplicándole pusiese la mano sobre él para curarle. Y apartándole del tropel de la gente, metió los dedos en sus oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y alzando los ojos al Cielo, suspiró y le dijo: “¡Effeta!” que quiere decir “abríos”. Y al punto se le abrieron los oídos y se le soltó el impedimento de su lengua y hablaba correctamente. Y les mandó que a nadie lo dijesen. Pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo divulgaban, y más crecía su pasmo y decían: todo lo ha hecho bien; ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos.



Aprovechemos las valiosas enseñanzas que el Padre Pío Vásquez nos comparte a continuación, con ocasión del Onceavo Domingo después de Pentecostés:



La oración: Eje de la vida interior




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