El dogma del Infierno es, sin duda, la verdad más impactante y desafiante de nuestra fe. Su existencia es tan cierta como la de Dios o la del sol en el cielo. De hecho, pocas verdades están tan claramente reveladas como esta, y Jesús mismo la menciona alrededor de quince veces en los Evangelios.
La razón humana no contradice esta verdad, sino que la respalda: el Infierno concuerda con el sentido innato de justicia que llevamos en el alma. Desde los orígenes de la humanidad, y guiados por la luz natural de la conciencia, los hombres han reconocido esta realidad. Aún hoy, sigue siendo conocida por todas las culturas que no han caído en la oscuridad total de la ignorancia y la barbarie.
La mujer muerta levanta la cabeza y abre los ojos, su rostro se colorea, sus rasgos adoptan la expresión de una horrible desesperación, y con voz sombría exclama ¡En el Infierno, estoy en el Infierno!Aprovechemos a continuación las valiosas enseñanzas que al respecto nos ofrece el Padre Pío Vásquez:
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