El Jueves Santo en particular, la Iglesia nos invita a reflexionar acerca de la Dignidad del Sacerdote.
En este día, junto con la institución de la Eucaristía, la Iglesia Católica celebra la institución del Sacerdocio, hecha por Dios Nuestro Señor Jesucristo.
Así mismo la Iglesia rememora el Lavatorio de los Pies que Nuestro Señor llevó a acabo con sus discípulos, como ejemplo de humildad para que, según Su Mandato, lo hagamos unos a otros (¡Dios Nuestro Señor le lavó los pies incluso a Judas, el que lo iba a traicionar!).
La dignidad sacerdotal es la más alta que existe sobre la Tierra: con su unción, el sacerdote es el único que puede “hacer descender a Dios sobre los altares”; ¿cómo? Por las palabras de la Consagración del Pan y del Vino, en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor.En aquel Jueves Santo, Nuestro Señor Jesucristo instituye el Sacramento del Orden Sacerdotal cuando, al momento de instituir la Eucaristía, dice a sus Apóstoles: “Haced esto en memoria mía”.
Con estas palabras está designando (consagrando) los primeros obispos, quienes luego irían a ordenar los primeros presbíteros (sacerdotes) y a los obispos que los sucederían en el ministerio.
En suma, en el momento de su ordenación, el sacerdote se convierte en un Alter Christus, es decir, en “otro Cristo”.
Efectivamente, el sacerdote es también un ser humano. Está expuesto a las tentaciones, tiene defectos, debilidades.
El diablo despliega todo su poder y su furor contra él porque si uno de ellos falla, arrastra consigo multitud de almas.
Oremos por ellos; oremos por los obispos. Pidamos por su perseverancia, para que resistan la lucha que, en el caso de ellos, es supremamente dura. Pidamos por su fortaleza, por que conserven y acrecienten su virtud, su santidad. Oremos para que Dios les dé el consuelo en los momentos de prueba, o cuando sientan que su apostolado es estéril, que su esfuerzo parezca vano.
El diablo tienta por allí. Oremos entonces para que venzan cualquier tentación.
Además de nuestra ayuda espiritual, con la oración, debemos ayudarlos en sus necesidades materiales, protegerlos (los sacerdotes están a la merced de la caridad de los fieles).
Y más aún, debemos apreciarlos, respetarlos.
Recordemos, en suma, que el sacerdote es un Alter Christus (“otro Cristo”).
Aprovechemos en completo, las valiosas enseñanzas que el Padre Pío Vásquez nos comparte a continuación, acerca de la Dignidad del Sacerdote:
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