En Defensa de la Fe


La Ascensión del Señor

La Ascensión del Señor es uno de los misterios esenciales de nuestra salvación y a su participación estamos todos llamados, porque la glorificación del Salvador, nuestra cabeza, es una prenda de nuestra gloria futura.


Durante los 40 días que siguieron a la Resurrección del Señor, Él asentó todos los cimientos de su Iglesia a la cual iba a enviar bien pronto el Espíritu Santo.


La Epístola y el Evangelio de este día resumen todas estas enseñanzas del Maestro.


Las partes cantadas de la Misa, celebran la victoria del Hombre-Dios que se sienta a la diestra del Padre. El prefacio y las oraciones describen nuestra participación actual en el misterio y sobre todo la participación completa que un día tendremos. El Gloria afirma este mismo misterio: "Señor... que estás sentado a la diestra del Padre".


Cada día, varias de las oraciones del Ordinario de la Misa, nos recuerdan que el Sacrificio se ofrece en memoria de la Pasión, Resurrección y Ascensión del Señor a los cielos.


Ofrezcamos a Dios, el Divino Sacrificio, en memoria de la Ascensión gloriosa de su Hijo, para que, libres de nuestros males presentes, arribemos con Él a la Vida Eterna.


(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)



“Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a todas las criaturas. El que crea y sea bautizado se salvará; más el que se niegue a creer se condenará.
Y estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán sanos... Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”“Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a todas las criaturas. El que crea y sea bautizado se salvará; más el que se niegue a creer se condenará. Y estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán sanos... Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”



Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para la fiesta de la Ascensión del Señor:



Hechos de los Apóstoles (1, 1-11)

En mi Evangelio, querido Teófilo, hablé de todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar, hasta el día en que, después de haber instruido por el Espíritu Santo a los Apóstoles que había elegido, se subió a los cielos.

De hecho, se presentó a ellos después de Su Pasión, y les dio numerosas pruebas de que vivía. Durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios.

En una ocasión en que estaba reunido con ellos les dijo que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la Promesa del Padre, la cual (dijo) «oísteis de mi boca». «Ya les hablé al respecto, les dijo: Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días».

Los que estaban presentes le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?»

Él les respondió: «No os corresponde a vosotros conocer los tiempos o los momentos que solamente el Padre tiene reservados a Su propio Poder. Pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la Tierra».

Dicho esto, Jesús se fue elevando por los aires ante sus ojos y una nube lo ocultó de su vista.

Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Varones de Galilea, ¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús que, de entre vosotros, se ha subido al cielo, volverá de la misma manera que vosotros le habéis visto irse al cielo».



Evangelio según San Marcos (16, 14-20)

En aquel tiempo, estando sentados a la mesa los once discípulos, se les apareció Jesús y los reprendió por su incredulidad y dureza de corazón, por no haber creído a los que le habían visto resucitado.

Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva (el Evangelio) a todas las criaturas. El que crea y sea bautizado se salvará; más el que se niegue a creer se condenará. Y estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán sanos».

Después de hablarles, el Señor Jesús se subió al Cielo y se sentó a la diestra de Dios.

Ellos, por su parte, salieron a predicar en todos los lugares con la ayuda del Señor, que confirmaba su doctrina con los milagros que la acompañaban.



Aprovechemos las valiosas enseñanzas que Monseñor Fernando Altamira nos comparte a continuación, con ocasión de la fiesta de la Ascensión del Señor:



La Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo y Su Parusía




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