La Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús resume todas las fases de la vida de Jesús, que la liturgia había recorrido desde Adviento hasta el Corpus, y constituye como un tríptico admirable, con todos los Misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos de la existencia del Salvador, gastada toda ella en amar a Su Padre y a los hombres.
De ahí que esta fiesta se halle colocada en un punto culminante, desde donde se puede abarcar de una sola mirada el pasado trabajoso de los actos redentores de Cristo, y el glorioso porvenir de las victorias que obtendrá mediante la acción del Espíritu Santo en las almas hasta la consumación de los siglos.
Viene esta fiesta después de las de Cristo, y así las completa condensándolas todas en un objeto único material, que es el Corazón de carne de Dios, y otro formal, o sea, la inmensa Caridad de Cristo, simbolizada en ese Corazón.
Esta festividad no se relaciona con ningún misterio particular de la Vida de El Salvador, sino que los abarca todos. Por ende, la devoción al Sagrado Corazón se extiende a todos los beneficios que durante todo el año nos ha prodigado la Caridad Divina. Esta es la fiesta del Amor de Dios a los hombres.
Es que el protestantismo en el siglo XVI, y el jansenismo en el siglo XVII, habían puesto todos los medios posibles para desfigurar uno de los dogmas esenciales del cristianismo, cuál es precisamente el Amor de Dios a todos los hombres.
Era pues menester que el Espíritu de Amor, que rige siempre a la Iglesia, encontrase un medio nuevo para oponerse a la herejía avasalladora, a fin de que la Esposa de Cristo, lejos de ver disminuir su amor a Jesús, lo sintiese acrecentado cada día más y más. En la Liturgia Católica, esa norma tan segura de nuestra creencia, fue donde se verificó tal manifestación, al instituirse la festividad del Corazón Sacratísimo de Jesús.
Para hacer que este culto fuese público y oficial, la Providencia suscitó primeramente a San Juan Eudes, el cual compuso en 1670, un oficio y Misa del Sagrado Corazón.
Después escogió Dios a Santa Margarita María Alacoque, a quien Jesús mostró Su Corazón, en Paray-le-Monial, el 16 de junio de 1675, Domingo del Corpus, mandándola se estableciese una fiesta del Sagrado Corazón, el viernes que sigue a la octava del Santísimo Sacramento.
Esta fiesta nos invita a considerar a Dios, ante todo, como al Bondadoso Padre, diciéndonos que sintamos del Señor en bondad que le llamemos Padre a boca llena, y a Jesús, Hermano Mayor nuestro, quien ha tenido a bien compartir con nosotros la Herencia Eterna.
Cualquiera que sea la función que el corazón desempeñe en el organismo humano, este se ha tomado como centro de las emociones y considerado por lo mismo como el asiento del amor.
No hay en este culto tan extendido, tan fecundo en frutos espirituales, pugna alguna con ninguno de los principios dogmáticos. Jesús quiere y pide que se honre a Su Sacratísimo Corazón, porque con ello se honra también a toda Su Persona divino-humana, toda vez que el culto va directa o indirectamente a la persona.
Las manifestaciones del Amor de Cristo hacen resaltar mucho más la ingratitud de los hombres, quienes no corresponden sino con frialdad e indiferencia. Tales manifestaciones son causas de que esta solemnidad ofrezca también un aspecto de reparación.
Es por esa razón que en esta Misa (al igual que en el nuevo Oficio) haya dos pensamientos dominantes: el Amor que Jesús nos tiene, y la reparación que se le debe por cuenta del desamor y las ofensas de los hombres.
Vayamos a la escuela del Corazón de Jesús, cuyo Amor dulce y humilde a nadie rechaza, y en el que encontramos descanso para nuestras almas.
(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)
Jesús quiere y pide que se honre a Su Sacratísimo Corazón, porque con ello se honra también a toda Su Persona divino-humana, toda vez que el culto va directa o indirectamente a la persona. Las manifestaciones del Amor de Cristo hacen resaltar mucho más la ingratitud de los hombres, quienes no corresponden sino con frialdad e indiferencia. Tales manifestaciones son causas de que esta solemnidad ofrezca también un aspecto de reparación.Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús:
Hermanos, siendo yo menos que el más pequeño de todos los que pertenecen al pueblo santo, se me dio esta Gracia de anunciar en las naciones las incontables riquezas de Cristo, y de ilustrar a todos los hombres, descubriéndoles la realización de ese designio que después de tantos siglos había estado en el secreto de Dios, Creador de todas las cosas. De esta manera, ahora, por medio de la Iglesia se manifiesta a los principados y potestades en los cielos, la multiforme sabiduría de Dios, según el eterno designio que puso en ejecución por medio de Jesucristo Nuestro Señor, por quien, mediante la fe en Él, tenemos confianza y acceso libre a Dios. Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, del cual proviene toda paternidad en el Cielo y en la Tierra. Esto para que, según las riquezas de Su Gloria, os conceda por Su Espíritu, el ser fortalecidos en virtud, en el hombre interior, y el que Cristo habite, por la fe, en vuestros corazones, estando arraigados y cimentados en la caridad, a fin de qué podáis comprender con todos los santos, cuál sea la anchura, y longitud, y la altura y profundidad de este misterio. Y conocer también aquel Amor de Cristo a nosotros, que sobrepasa todo conocimiento, para que seáis plenamente colmados de todos los dones de Dios.
En aquel tiempo, como era día de la preparación pascual, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en día sábado (porque era muy solemne aquel sábado), suplicaron los judíos a Pilato que se les quebrasen las piernas a los crucificados, y los quitasen de allí. Vinieron pues, los soldados, y rompieron las piernas del primero, y del otro que había sido crucificado con Él. Más al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le abrió el costado, y al instante salió sangre y agua. Y Juan, quien lo vio, es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero. Y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Pues estas cosas sucedieron en cumplimiento de la Escritura que dice: no quebrantaréis ni uno de sus huesos. Y otro lugar de la Escritura dice: verán al que traspasaron.
Aprovechemos las valiosas enseñanzas que Monseñor Fernando Altamira nos comparte a continuación, con ocasión de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús:
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