Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo Rey

Hoy celebramos la Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo Rey. “A Jesucristo, Rey de Reyes, venid y adorémosle”. Hoy es el día de proclamar Su Realeza, de decir entre suspiros: ¡Venga a nosotros Tu Reino!”; de decir al Padre: “¡Padre, glorifica a tu Hijo!”


“La revolución ha comenzado por proclamar los derechos del hombre y no terminará sino al proclamar los Derechos de Dios”. Así decía en el siglo XIX, el conde de Maistre.


“Jesucristo no es Rey por gracia nuestra, ni por voluntad nuestra, sino por derecho de nacimiento, por derecho de filiación divino, por derecho también de conquista y de rescate”.


“Así que Cristo es Rey universal de este mundo, por su propia esencia y naturaleza” (San Cirilo de Alejandría), en virtud de aquella admirable unión que llaman hipostática, la cual le da pleno dominio no sólo sobre los hombres, sino hasta sobre los Ángeles y aún sobre todas las criaturas (Pío XI).


Y ¿qué de extraño tiene el que sea Rey de los hombres el que fue Rey de los siglos? Pero Jesucristo no es Rey para exigir tributos, o para armar un ejército con hierro y pelear visiblemente contra Sus enemigos. Es Rey para gobernar los espíritus, para proveer eternamente al mundo, para llevar al Reino de los Cielos a los que creen, esperan y aman. El Hijo de Dios, igual al Padre, el Verbo por el cual todas las cosas fueron hechas, si quiso ser Rey de Israel fue por pura condescendencia. Fue una señal de Misericordia, no un aumento de poder (San Agustín)


Nadie tema que va a perder algo porque se someta al “suavísimo imperio” de Cristo. No teman las sociedades, porque Él es quien las funda y la sustenta. No teman los poderosos, porque “no quita los reinos mortales Quien da los celestiales”. No teman tampoco los individuos, porque servir a Cristo es reinar.


Es un amo tal que no esclaviza ni esquilma a sus servidores; un Pastor y un Señor que no engorda con la carne de su rebaño, ni se viste con sus lanas, ni se regala con su leche; antes se desvive por los suyos, y se les entrega con todos sus haberes, ya desde la Tierra, hasta que sean capaces de poseerle y de gozarle más cumplidamente allá en el Cielo.


Tiene derecho a todo mando y a todo honor. Pero exige poco, y hasta llega a decir que “Su Reino no es de este mundo” (Evangelio). Por eso, nada hay por demás irracional y más incomprensible que el grito rabioso de esa chusma, que todavía vocifera: “¡No queremos que Cristo reine sobre nosotros!”.


Piensan los insensatos que les va a privar de la libertad, cuando por el contrario se la va a acrecentar y perfeccionar, proscribiendo tan solo el libertinaje, tan fatal para las almas como para los cuerpos, para las naciones como para los individuos, ya que “lo que hace miseros a los pueblos es el pecado”.


Conviene pues que Él reine, porque Su reinado es eterno y universal; es un reinado de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Quiere ante todo reinar en las inteligencias, en las voluntades y en los corazones de los hombres. Es un reinado antes que todo espiritual.


Él huye ahora de la pleitesía externa, como huyó cuando los hombres quisieron tributarle los honores de Rey; por eso sigue humilde y escondido en nuestros altares, bajo las especies de Pan y de Vino.


Esta fiesta viene hacia el final del año litúrgico. Es la coronación de toda la obra redentora de Cristo, corona de todos los santos en la Patria Celestial.


Jesucristo es Rey y lo es ante todo en el altar. En el Sacramento de la Eucaristía opera Su obra de santificación en las almas; forma en la Iglesia Su Cuerpo Místico, que un día trasladará al Reino del Padre, para tomar parte en el magno concierto de alabanzas que sin cesar se tributa a la Trinidad Beatísima en el Cielo.



Dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Dices tú eso por cuenta propia, o te lo han dicho otros de Mí? Replicó Pilatos: ¿Qué? ¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi Reino no es de este mundo. Si de este mundo fuese mi reino, mis vasallos me habrían defendido para que no cayese en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí. Le replicó Pilatos: ¿Con que tú eres Rey? Respondió Jesús: Tú lo dices: Yo soy Rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo; para dar testimonio de la Verdad. Todo aquel que pertenece a la Verdad escucha mi voz.Dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Dices tú eso por cuenta propia, o te lo han dicho otros de Mí? Replicó Pilatos: ¿Qué? ¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi Reino no es de este mundo. Si de este mundo fuese mi reino, mis vasallos me habrían defendido para que no cayese en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí. Le replicó Pilatos: ¿Con que tú eres Rey? Respondió Jesús: Tú lo dices: Yo soy Rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo; para dar testimonio de la Verdad. Todo aquel que pertenece a la Verdad escucha mi voz.



Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, en la celebración de la Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo Rey:



Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Colosenses (1, 12-20)

Hermanos, gracias damos a Dios padre, que nos ha hecho dignos de participar de la suerte de los santos, iluminándonos con la luz del Evangelio, la cual nos ha arrebatado del poder de las tinieblas, trasladándonos al Reino de Su Hijo muy amado, por cuya sangre hemos sido nosotros rescatados y recibido la remisión de los pecados. Él es imagen perfecta del Dios invisible, engendrado antes de toda criatura, pues por Él fueron creadas todas las cosas en los Cielos y en la Tierra, las visibles y las invisibles, sean tronos o dominaciones, o principados o potestades. Todas las cosas fueron creadas por Él y en atención a Él. Y así tiene que ser ante todas las cosas y todas subsisten en Él. Y Él es la Cabeza del Cuerpo Místico de la Iglesia, y el principio de la Resurrección, el primero que renació de entre los muertos para que en todo tenga Él la primacía. Así lo quiso el Padre: poner en Él la plenitud de todo ser y reconciliar por Él, todas las cosas consigo, restableciendo la Paz entre el Cielo y la Tierra, por medio de la Sangre que derramó en la Cruz, en Jesucristo Nuestro Señor.



Evangelio según San Juan (18, 33-37)

En aquel tiempo dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Dices tú eso por cuenta propia, o te lo han dicho otros de Mí? Replicó Pilatos: ¿Qué? ¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi Reino no es de este mundo. Si de este mundo fuese mi reino, mis vasallos me habrían defendido para que no cayese en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí. Le replicó Pilatos: ¿Con que tú eres Rey? Respondió Jesús: Tú lo dices: Yo soy Rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo; para dar testimonio de la Verdad. Todo aquel que pertenece a la Verdad escucha mi voz.



Aprovechemos las valiosas enseñanzas que Monseñor Fernando Altamira nos comparte a continuación, con ocasión de la Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo Rey:



CRISTO REY: más conozco América, más amo a España




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