En Defensa de la Fe


Fiesta de Corpus Christi

En la Fiesta de Corpus Christi, la Iglesia, después del Dogma de la SantísimaTrinidad, nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar al Sacramento por Excelencia, que, sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos pingües de la Redención. Si Jesucristo, en la Cruz nos salvó al instituir la Eucaristía la víspera de Su Muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de Su Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario y la Misa "anuncia la muerte del Señor". Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, bajo las Sagradas Especies, Jesús mismo ofrece a Su Padre, en unión con Sus sacerdotes, la Sangre vertida y el Cuerpo clavado en la Cruz, aunque sabemos que está todo entero bajo las dos especies.


"Comiendo las víctimas, se participa del sacrificio", y así, la Eucaristía fue instituida en forma de alimento, a fin de que pudiésemos comulgar de la Víctima del Calvario. La Hostia santa se convierte en "trigo que nutre nuestras almas". Los cristianos participan de vida eterna, uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo de la unidad.


Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la Tierra por la Eucaristía, es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el Cielo, porque "el Pan mismo de Los Ángeles", que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo comeremos después en el Cielo, ya sin velos.


Veamos en la Misa, el centro de todo el culto de la Iglesia a la Eucaristía, y en la Comunión, el medio establecido por Jesús, para que con mayor plenitud participemos de ese Divino Sacrificio; y así, nuestra devoción, al Cuerpo y Sangre del Salvador, nos alcanzará los frutos perennes de Su Redención.


(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)



Jesucristo, en la Cruz, nos salvó al instituir la Eucaristía la víspera de Su Muerte, y quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de Su Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario y la Misa "anuncia la muerte del Señor". Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, bajo las Sagradas Especies, Jesús mismo ofrece a Su Padre, en unión con Sus sacerdotes, la Sangre vertida y el Cuerpo clavado en la Cruz, aunque sabemos que está todo entero bajo las dos especies.Jesucristo, en la Cruz, nos salvó al instituir la Eucaristía la víspera de Su Muerte, y quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de Su Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario y la Misa "anuncia la muerte del Señor". Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, bajo las Sagradas Especies, Jesús mismo ofrece a Su Padre, en unión con Sus sacerdotes, la Sangre vertida y el Cuerpo clavado en la Cruz, aunque sabemos que está todo entero bajo las dos especies.



Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para la Fiesta de Corpus Christi:



Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Corintios (I Corintios 11, 23-29)

Hermanos, yo aprendí del Señor, lo que también os tengo ya enseñado, y es que el Señor Jesús, la noche misma en que había de ser traicionado, tomó el Pan, y dando gracias, lo partió, y dijo: Tomad y comed; este es mi Cuerpo, que por vosotros será entregado. Haced esto en memoria mía. Y de la misma manera tomó el Cáliz, después de haber cenado, diciendo: Este Cáliz es el Nuevo Testamento en mi Sangre. Haced esto, siempre que lo bebiereis, en memoria Mía. Así que, cuantas veces comiereis este Pan, y bebiereis este Cáliz, anunciaréis la Muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto, cualquiera que comiere este Pan, o bebiere el Cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y Sangre del Señor. Examínese, pues, así mismo cada cual, y así coma de aquel Pan y beba de aquel Cáliz. Porque quien le come y bebe indignamente, se come y bebe su propia condenación, no haciendo el debido discernimiento del Cuerpo del Señor.



Evangelio, según San Juan (6, 56-59)

En aquel tiempo, dijo Jesús a las turbas de los judíos. Mi Carne verdaderamente es Comida, y mi Sangre es verdaderamente Bebida. Quien come mi Carne y bebe mi Sangre, en Mí mora y Yo en él. Así como el Padre que me envió vive, y Yo vivo por el Padre, así el que me come, también vivirá por Mí. Este es el Pan que bajó del Cielo. No sucederá como a vuestros padres, que comieron el maná, y no obstante murieron. Quien come este Pan, vivirá eternamente.



Aprovechemos las valiosas enseñanzas que Monseñor Fernando Altamira y el Padre Pío Vásquez nos comparten a continuación, con ocasión de la Fiesta de Corpus Christi:



El amor a la Sagrada Eucaristía




Santísima Trinidad ✠ Corpus Christi - Parte 2




✠ Corpus Christi ✠




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