Hoy es Viernes Santo. El altar ha sido despojado; está vacío… su aspecto es triste, desolador. Por otra parte, la Iglesia Católica, a partir del Concilio Vaticano II, comenzó a ser despojada, a quedar vacía. ¡Su aspecto es hoy en día lúgubre! Se quedó sin Sacramentos válidos; la misa moderna, la que crearon después del concilio, es inválida. Cada vez quedan menos obispos y sacerdotes válidos porque, en particular, los ritos modernos, tanto de consagración de obispos, como de ordenación de sacerdotes, son inválidos …
En resumidas cuentas, hoy, Viernes Santo, el altar despojado es símbolo del despojo que comenzó a sufrir la Iglesia Católica desde la época del Concilio hasta nuestros días.
Hoy es Viernes Santo. El altar ha sido despojado; está vacío… su aspecto es triste, desolador. Por otra parte, la Iglesia Católica, a partir del Concilio Vaticano II, comenzó a ser despojada, a quedar vacía. ¡Su aspecto es hoy en día lúgubre! Se quedó sin Sacramentos válidos; la misa moderna, la que crearon después del concilio, es inválida. Cada vez quedan menos obispos y sacerdotes válidos porque, en particular, los ritos modernos, tanto de consagración de obispos, como de ordenación de sacerdotes, son inválidos...Al respecto, te compartimos a continuación las reflexiones tomadas de la homilía de Monseñor Fernando Altamira con ocasión del Viernes Santo (del año 2023):
<<En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. Todo en María y por María, y por las Benditas Almas del Purgatorio.
Queridos hijos, los Viernes Santos también es costumbre predicar acerca de los diferentes temas que tienen que ver con la Pasión de Dios Nuestro Señor Jesucristo.
En este Viernes Santo del año 2023 queríamos dejar de lado un pequeño comentario de las Siete Palabras que Dios Nuestro Señor Jesucristo dijo en la Cruz, en Su Pasión.
Queremos en cambio compartirles otros conceptos importantes, porque creo que estas épocas (que estamos viviendo) así lo exigen. Son algunos pensamientos acerca del símbolo que se crea, que implica, que representa la denudación del altar.
Ahí lo pueden ver… el altar despojado… sin nada. Meditemos un poco acerca del símbolo que se crea y que implica, que representa ver el altar despojado… sin nada … y ello, insistimos, en consideración a las épocas que nos está tocando vivir.
Entonces este año no meditaremos sobre las Siete Palabras, sino que lo haremos acerca de lo que implica el símbolo del altar despojado, el altar vacío, desnudo.
Pueden ver que el altar no tiene nada; que ha sufrido, podemos decir, la rapiña de sus cosas: se le ha quitado todo… como a Dios Nuestro Señor Jesucristo en el día de Su Pasión, hoy Viernes Santo.
Ver que le han quitado todas sus cosas… lo más sagrado, lo más venerado, lo más digno de respeto… Todo ello también es símbolo del despojo que ha sufrido la Santa Iglesia Católica.
Vale decir, nuestra Santa Iglesia Católica ha sido despojada… de la misma forma que el altar.
¡A nosotros los católicos nos han quitado todo! Es la obra de un mundo contra Dios, de un mundo que está en sus estadios finales contra Dios y contra su catolicismo. Y no han dejado nada… nada han dejado.
La consumación (de tal despojo) ha sido a partir de la década de los 60, a partir del famoso Concilio Vaticano II. Hoy más que nunca esto cobra una simbología que nos atañe porque así han hecho con todos nosotros los católicos; lo han hecho con nuestra santa religión. La Santa Iglesia Católica ha quedado como este altar en Viernes Santo; ha sufrido la rapiña de todos sus bienes, de casi todo lo más sagrado que hemos tenido.
La Iglesia Católica ha sufrido el daño y la destrucción de los bienes que había recibido de Dios. A los hijos de Dios se nos ha quitado todo lo más sagrado, lo más necesario y hermoso, lo que siempre habíamos tenido y gozado; porque todo lo de la liturgia católica nos ha sido quitado; podemos decir que todo lo más necesario para conseguir la Salvación Eterna ha sido usurpado. ¡Gravísimo!
Ha sido arrebatado todo lo más necesario para alcanzar la Salvación Eterna. Esos dones que Dios Nuestro señor Jesucristo había dejado, en especial los Sacramentos, fueron quitados del alcance de los católicos. Los Sacramentos fueron falsificados y mutilados para ser reemplazados, en esa falsa religión moderna (creada a partir del Concilio Vaticano II), por sacramentos modernos inválidos.
Esto es una realidad durísima, pero realidad que debe ser proclamada a los cuatro vientos. Los católicos nos hemos quedado sin nada; desnudos, vacíos, como este altar (hoy Viernes Santo), como el símbolo del despojo que los católicos sufrimos con la excusa del conciliábulo anti católico, llamado Concilio Vaticano II.
Con esa excusa se ha destruido todo… todo.
Hace 60 años que los católicos sufrimos esto. Nunca antes en la historia de la Iglesia Católica se había visto una cosa así: se creó una religión de reemplazo, una religión de sustitución, una nueva falsa religión que no es la Iglesia Católica.
Esto lo vemos como los prolegómenos, el inicio de la religión mundial correspondiente al nuevo orden mundial, o religión de la ONU, o, como nos advierte Dios en sus profecías de la Biblia, la religión del Anticristo y del falso profeta (que también la podemos llamar “progresismo”. Los enemigos del catolicismo la llaman también la religión de la humanidad unificada, una religión de signo contrario al catolicismo, y unificada bajo el signo del nuevo orden mundial).
Es la religión de la Pachamama, de los chamanes, de la mezcla de todas las religiones de la Tierra, es el falso ecumenismo.
En definitiva, este altar desnudo (de Viernes Santo), despojado, es símbolo de todo lo que nos ha ocurrido a los católicos en los últimos sesenta años; es símbolo y muestra de que nos hemos quedado sin nada. El daño que hemos sufrido los católicos por cuenta del mal llamado Concilio Vaticano II, la falsificación de nuestro catolicismo, la adulteración de nuestra santa religión católica, es de proporciones catastróficas.
Además, con el Concilio y su religión moderna se ha traicionado y engañado a millones de millones de católicos en el mundo entero; se ha traicionado a millones de almas de buena voluntad, las cuales han querido (y creído) ser católicas y a las que, sin embargo, sin ellas darse cuenta, se les ha hecho recibir algo distinto (a la Iglesia creada por Dios), una cosa nueva, una cosa creada por el hombre (i.e. por los gestores y ejecutores del CVII).
Estos personajes siniestros, crearon a partir de entonces, cualquier cosa menos el catolicismo, cualquier cosa menos la religión de Dios Nuestro Señor Jesucristo. A esa falsificación de la Iglesia Católica, a esa nueva falsa religión, la podemos llamar (como ellos mismos lo hacen) la religión del hombre, la religión de la humanidad, naturalismo, humanismo y, hasta si se quiere, ecologismo.
¿Por qué? Porque todo entra allí; hasta ecologismo entra. Y en este siglo XXI, sin duda mucho más que en otras épocas, todas estas aberraciones de nuestra religión, representan el altar desnudo (de Viernes Santo) … esa tristeza que inclusive se ve en un altar despojado, completamente vacío.
Los católicos estamos sufriendo los frutos de ese maldito concilio (me disculpan que lo diga claramente, pero las cosas malas hay que llamarlas como son).
Esta falsa religión moderna también se llama la religión de la misa moderna, la cual no es la misa verdadera… Es la religión de Francisco (nota: esta homilía es del año 2023), de Benedicto XVI, de Juan Pablo II, de Pablo VI, de Juan XXIII. Estos son los antipapas que hemos tenido que sufrir desde hace 60 años.
Sin embargo, no dudemos que la Iglesia Católica (la verdadera Iglesia Católica) va a obtener el triunfo final. Ese pequeño remanente fiel (que conserva los verdaderos sacramentos y la verdadera Misa) va a obtener el triunfo final. ¿Cuándo? Cuando se suceda la Segunda Venida de Dios Nuestro Señor Jesucristo en Gloria y Majestad (es decir, la Parusía).
Debemos pedirle al Señor la Gracia de que nos mantengamos fieles a Él (porque solo con Su Gracia lo lograremos). Y para todos los que así lo logren, también habrá ese triunfo.
Sabemos que a la verdadera Iglesia Católica nunca la podrá destruir el Maligno, a pesar de tantísimos enemigos que tiene. La Iglesia Católica nunca podrá ser destruida porque así lo estableció Dios Nuestro Señor Jesucristo … aunque le hayan hecho todos estos daños (y otros más que sufriremos en lo que viene) … a pesar de todo ello… aunque sigan intentando su destrucción.
¿Cómo seguirán produciéndose los ataques contra la Iglesia? Por la acción de ese gran movimiento anticatólico, la Bestia del Apocalipsis.
Pero a pesar de esa destrucción que han hecho de la fe católica, cuando vuelva el Hijo del Hombre, Él encontrará fe sobre la Tierra; a pesar de todo ello la verdadera Iglesia Católica estará y se mantendrá hasta el fin. Lo ha dicho Dios. Lo enseñan las profecías; siempre habrá un resto fiel; siempre quedará un remanente de católicos hasta el final de la historia. Así lo ha dicho Dios y así entonces ocurrirá: “Las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella”.
A nosotros nos corresponde seguir intentando ser buenos católicos. Nos toca el combate por Dios. Debemos luchar por Dios, “no desertar la inhóspita trinchera”, como decía el Padre Castellani (una expresión hermosísima). A los católicos nos toca luchar hasta el fin, defendiendo el catolicismo, defendiendo la verdad y el hecho de que Cristo es Dios. ¡Cristo es Dios! Hasta la muerte ¡Cristo es Dios!
Debemos defender su catolicismo bajo la pena de muerte; porque nos tocará (no nos podemos hacer ilusiones de lo contrario) correr el riesgo de pena de muerte, a todos los que defendamos esta verdad: ¡Cristo es Dios! Dicha pena de muerte será aplicada por el Anticristo y el nuevo orden mundial. Va a llegar ese momento; lo implican las profecías; y será para muchos el orden del martirio, pero también el orden de la santidad (dar testimonio de Dios Nuestro Señor Jesucristo).
Debemos luchar hasta el fin; debemos hacer apostolado hasta el fin. Basta de aquellas teorías de andar como encerrados en casa: el católico no debe ser así; debe hacer apostolado hasta el fin, salvando todas las almas que Dios le permita.
Al católico le toca el combate; al católico le toca luchar y Dios dará la victoria. Esa es la actitud; y Dios dará la victoria. Cuando Dios disponga, al católico le tocará luchar, haciéndolo con Su Gracia, y solo con Su Gracia; porque de otra manera no podremos ser testigos de Dios.
Para terminar estas breves palabras, volvamos de nuevo la mirada sobre este altar … desnudo … despojado… símbolo del despojo que hemos sufrido los católicos (a partir del CVII). Aparentemente (y lo subrayo, aparentemente) representa el “triunfo” de la masonería y de todas las sociedades secretas.
Pero a pesar de todo este dolor, este altar desnudo (símbolo de la Iglesia despojada), reverdecerá nuevamente (como la Iglesia lo hará), tendrá sus ornamentos y su gloria, su ornato.
Esta es la simbología que ustedes mismos verán mañana después de la Vigilia pascual: el altar renacerá, rejuvenecerá, florecerá de nuevo, con su esplendor, con Su Majestad.
Como la Resurrección de Dios Nuestro Señor Jesucristo así ocurrirá con la Santa Iglesia Católica.
Como verán mañana (después de la Vigilia Pascual) y como será cuando venga Dios Nuestro Señor Jesucristo en Gloria y Majestad, así será nuestro triunfo, si es que logramos, si es que conseguimos, con Su Gracia, ser fieles, mantenernos fieles a Dios y a su catolicismo.
Tendremos, si es el caso, la misma Gloria que la de este altar, que está ahora despojado, pero que, en el Día del Señor (la Pascua de Resurrección, las Bodas del Cordero) será glorificado. Ese será nuestro futuro.
Así se verá la Iglesia: como dicen las profecías de la Sagrada Escritura: “Este es el día que hizo el Señor”. La Iglesia Católica, como el altar, será revestida de nuevo.
Ave María Purísima>>
Te invito a continuación a que escuches a Monseñor Altamira en la homilía completa de Viernes Santo (año 2023), sobre el simbolismo del altar despojado, vacío, el cual representa el despojo que comenzó a sufrir la Iglesia Católica, a partir del Concilio Vaticano II:
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