Este domingo se llama Domingo de quincuagésima. Es el último domingo antes del Miércoles de Ceniza, es decir, antes del comienzo de la Cuaresma.
¿Por qué como católicos debemos particularmente esforzarnos por vivir santamente estos 40 días antes de la Semana Santa?
El hacer sacrificios, la mortificación, nos ayudan a disminuir el amor al placer y, por lo mismo, a adquirir la fortaleza para evitar pecar. La mortificación o el hacer sacrificios no puede faltar en la vida de un católico y en particular en la Cuaresma.Aprovechemos y pongamos en práctica las valiosísimas enseñanzas que nos brinda Monseñor Fernando Altamira con ocasión del Domingo de quincuagésima.
La Caridad es el vínculo de la Perfección (que equivale a decir que la Caridad es el vínculo de la Santidad).
I Corintios 13 es el Himno de la Caridad
La motivación de la Caridad es en primer lugar el Amor a Dios. Y, derivado del Amor a Dios, se desprende en segundo lugar el Amor al Prójimo.
El estado de gracia es lo que le da valor ante Dios a todas mis acciones.
“El Amor es paciente”. “Paciente” viene de “padecer”. El que tiene Caridad sabe padecer, sabe sufrir, sabe ofrecer sus cruces a Dios en pago por sus pecados y para conversión del prójimo.
“La Caridad no piensa mal” (“pensar mal” se refiere a juzgar sin conocimiento la motivación última de los actos del prójimo). El único que conoce las conciencias es Dios.
La Caridad todo lo soporta (debemos soportarnos los unos a los otros porque todos tenemos nuestros propios defectos).
La Caridad se complace en la Verdad. Falsa Caridad es aquella que no está unida a un cambio de vida; es aquella que sigue ligada al pecado.
La falsa Caridad es aquella que está unida al error, a falsas enseñanzas (a aquellas “enseñanzas” que van en contra del Dogma católico).
“La primera Caridad es la Verdad”.
“El mayor acto de caridad hacia el prójimo es salvar su alma del Infierno” (San Juan María Vianney)
“Hacedlo todo en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, a dando gracias a Dios”.
“Hermanos, os ruego que ofrezcáis a Dios vuestros cuerpos como hostias vivientes, santas, que agradan a Dios. No os conforméis a este siglo (no llevéis vidas mundanas) sino reformaos (dejad de pecar) según la novedad de vuestro espíritu (tenemos un espíritu nuevo por el Santo Bautismo) para que ejercitéis (sepáis) sobre cuál es la voluntad de Dios, la que es agradable a Él, la que es santa”.
“La plenitud de la Ley es la Caridad”.
“No seas vencido por el Mal, sino que tú vence al Mal con el Bien”.
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