En el Domingo de Pentecostés, la Iglesia celebra la primera manifestación del Espíritu Santo a los Discípulos de Jesucristo.
En efecto, Jesús había establecido los fundamentos de la Iglesia en el curso de Su Vida apostólica, y le había comunicado Sus poderes después de resucitar. Pero el Espíritu Santo debía completar la formación de los Apóstoles y revestirlos de la fuerza de lo Alto. Al Reino visible de Cristo sucede el Reino invisible del Espíritu Santo, el cual viene a terminar y pulir la obra, ya admirable, de Jesús: viene "a renovar la faz de la Tierra".
Jesús, dice el Evangelio, había anunciado a sus Discípulos la llegada del Espíritu Paráclito (Consolador). Y la Epístola nos muestra el cumplimiento de esta promesa.
El Espíritu Santo se apodera del Cenáculo; un viento huracanado sopla de repente en torno de la casa y aparecen lenguas de fuego en el interior. Estas son las señales maravillosas.
Alumbrados con las luces del Espíritu Santo, y llenos de la efusión de Sus Siete Dones, los Apóstoles son renovados y, a su vez, van a renovar el universo entero.
Digamos en este tiempo, con la Iglesia, al Espíritu Santo: "Ven Espíritu Santo, hincha los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu Amor".
(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)
En el Domingo de Pentecostés, la Iglesia celebra la primera manifestación del Espíritu Santo a los Discípulos de Jesucristo. En efecto, Jesús había establecido los fundamentos de la Iglesia en el curso de Su Vida apostólica, y le había comunicado sus poderes después de resucitar. Pero el Espíritu Santo debía completar la formación de los Apóstoles y revestirlos de la fuerza de lo alto.Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para el Domingo de Pentecostés:
Al cumplirse, pues, los días de Pentecostés (50 días), estaban todos los Discípulos juntos en un mismo lugar; y vino de pronto un ruido del cielo, como de viento que soplaba impetuoso, llenando toda la casa en donde estaban. Y se les aparecieron como lenguas de fuego que se repartieron y pusieron sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar varias lenguas, según el Espíritu Santo les dictaba. Residían a la sazón en Jerusalén judíos piadosos de todas las naciones del mundo. Divulgado este suceso, acudió mucho gentío, y quedaron pasmados al ver que cada uno oía hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos estaban atónitos y maravillados, diciendo: ¿Todos estos que hablan no son Galileos? ¿Pues, cómo les oímos nosotros hablar a cada uno en nuestra lengua nativa? Partos, medos y elamitas, los que moran en la Mesopotamia, en Judea y Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto y en tierras de la Libia cercanas a Cirene, y los que han venido de Roma, judíos y prosélitos, los cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus Discípulos: "todo el que me ame, guardará Mis Mandatos, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él. El que no me ama, no guarda Mis Preceptos. Y la doctrina que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Estas cosas os he dicho estando con vosotros. Más el Consolador, el Espíritu Santo que os enviará el Padre en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo cuanto Yo os he dicho. La Paz os dejo, Mi Paz os doy. No os la doy Yo como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni tema. Habéis oído lo que os he dicho: Me voy, y vuelvo a vosotros. Si me amaseis, ciertamente os alegraríais de que me vaya al Padre. Porque el Padre es mayor que Yo (en cuanto hombre). Y ahora os lo digo antes que suceda, para que lo creáis cuando sucediere. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues viene el príncipe de este mundo (Satanás). Aunque no tiene ningún poder sobre Mí, así tiene que ser, para que el mundo sepa que Yo amo al Padre y que hago lo que Él me ha mandado.
Aprovechemos las valiosas enseñanzas que Monseñor Fernando Altamira y el Padre Pío Vásquez nos comparten a continuación, con ocasión del Domingo de Pentecostés:
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