En Defensa de la Fe


Domingo de Pascua de Resurrección

¡Hoy es el día que hizo el Señor! ¡Gocémonos y alegrémonos en él! ¡Oh Cristo! ¡Que en tu Resurrección se alegren cielos y tierra!


Ante todo, lo que Cristo hace al resucitar, es ofrecer a su Padre el homenaje de su gratitud: "¡Padre!, ¡He resucitado!" Y la Iglesia da también gracias a Dios, porque con la victoria de su Hijo nos volvió a abrir el camino del cielo, rogándole secunde nuestros esfuerzos para que podamos alcanzar el supremo bien por el que anhelamos.


Para lo cual es menester que, así como los judíos comían el Cordero Pascual con pan sin levadura, nosotros también comamos el Cordero de Dios con los ázimos de una vida pura y santa, es decir, exenta de todo fermento de pecado.


Animémonos hoy y cobremos nuevos alientos; muy breves será el penar y eterno será el gozar. ¡Qué pronto se pasaron los dolores y humillaciones de la Pasión! Y, en cambio, ¡cuán grande y cuán imperecedera la gloria que con ellos se granjeó!


"Vemos a Jesús, dice el Apóstol, coronado de gloria y de honor por causa de Su Cruz y su Pasión", y el instrumento que aparecía ser para eterno baldón, se ha trocado en signo de gloria; y el que se decía haber muerto para siempre como un reprobado de los hombres y maldito, es ahora y será siempre bendito y querido cual nadie pudiera sospechar.


Porque Jesucristo se ha enseñoreado suavísimamente de los humanos corazones; "no domó al mundo con el hierro sino con el madero". Se viene cumpliendo la profecía que pronunciara días antes de morir en el infame patíbulo: "Yo, cuando fuere elevado sobre la tierra en la cruz, todo lo atraeré a Mí mismo".


Verdaderamente, Señor, que atrajiste todas las cosas a Ti, "Tú eres el Rey y el centro de todos los corazones", y en Ti tienen clavado sus ojos los seres todos. ¡Quédate con nosotros Señor! porque se hace tarde. Enfervoriza nuestras almas, como lo hiciste con las de aquellos discípulos de Emaús. Acrecienta nuestra fe en este misterio, quicio y fundamento como es de nuestra sacrosanta religión, para que no nos tengas que reprender y decir lo que a ellos: "Oh necios y tardos de corazón para creer", sino más bien: "Dichosos los que, sin haber visto, creyeron".


Regocijémonos todos en el Señor, tanto más cuanto que su Triunfo y su Resurrección son también triunfo y resurrección nuestra, lo mismo que todos los misterios de su Vida y de su Muerte santísimas, en virtud del dogma consolador de la Comunión de los Santos.


Y no sólo el hombre, sino que la creación entera parece alegrarse y saltar de júbilo en este venturoso día, palpitando al unísono con el Creador victorioso y triunfante.


"Que en tu Resurrección oh Cristo, se alegren cielos y tierra" y canten en tu loor, el Aleluya perenne, pues a todos nos diste esperanzas tan consoladoras y certeras de una mejor vida e inmortal en aquel ‘cielo nuevo y tierra nueva’ que Tú formarás después que pase esta caduca vida. "Creo, Señor, en la resurrección de la carne y en la vida perdurable. Amén"


(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)



¡Hoy es el día que hizo el Señor! ¡Gocémonos y alegrémonos en él! ¡Oh Cristo! ¡Que en tu Resurrección se alegren cielos y tierra! Jesucristo resucitó ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! Esta la piedra angular de nuestra fe y anticipo de nuestra vida eterna en unión con Él, si alcanzamos la salvación.¡Hoy es el día que hizo el Señor! ¡Gocémonos y alegrémonos en él! ¡Oh Cristo! ¡Que en tu Resurrección se alegren cielos y tierra! Jesucristo resucitó ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! Esta la piedra angular de nuestra fe y anticipo de nuestra vida eterna en unión con Él, si alcanzamos la salvación.



Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para este Domingo de Pascua de Resurrección:



Epístola del Apóstol San Pablo a los Corintios (I Corintios 5, 7-8)

Hermanos: purificaos de la antigua levadura, para convertiros en una nueva masa, como ázimos que sois. Pues ha sido inmolado Jesucristo, nuestro Cordero pascual. Por tanto, regalémonos no con vieja levadura, ni con levadura de malicia y de perversidad, sino con ázimos de sinceridad y de verdad.



Evangelio según San Marcos (16, 1-7)

En aquel tiempo, María Magdalena y María madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para venir y embalsamar a Jesús. Y muy de mañana, el primer día después del Sábado, llegaron al sepulcro, salido ya el sol. Decían entre sí: ¿Quién nos rodará la piedra de la entrada del sepulcro? Y mirando, vieron rodada la piedra, que era muy grande. Y entrando en el sepulcro, vieron un joven sentado a la diestra, vestido de blanco, y se asustaron. Más él les dijo: no temáis; buscáis a Jesús Nazareno que fue crucificado; pues bien, ¡resucitó!; no está aquí; ved el lugar en donde le pusieron. Y ahora id y decid a sus discípulos y a Pedro, que va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como Él os lo dijo.



Aprovechemos las valiosas enseñanzas que Monseñor Fernando Altamira y el Padre Pío Vásquez nos comparten a continuación, con ocasión del Domingo de Pascua de Resurrección:


Resucitar espiritualmente con Cristo; la conversión




Buscar el Reino de Dios: Resucitar con Cristo




Resucitar: conocer, amar y servir a Dios en la Verdad




Una verdadera Resurrección Espiritual ✠ Perseverar



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