Dieciochoavo Domingo después de Pentecostés

En el Dieciochoavo Domingo después de Pentecostés, leemos el bellísimo Evangelio donde Jesús sana al paralítico, al mismo tiempo que le perdona sus pecados. Esto es figura de la íntima relación que existe entre la sanación física y espiritual que solo Dios Nuestro Señor nos la brinda a través del Sacramento de la Confesión.


De otra parte, unos días atrás, el 15 de septiembre, la Iglesia recordó y veneró los Siete Dolores de la virgen María, nuestra madre y se le ofreció el mismo canto de alabanzas que se oyó en Israel, al proclamar a Judit honra y estima de aquel pueblo escogido de Dios.


En María tenemos a la nueva Judit, que corta la cabeza al “gran príncipe de los asirios”, ¡el demonio infernal!


María, desde los orígenes de la humanidad, aparece como la mortal enemiga de la Serpiente, a la cual acabará por aplastarla con su Inmaculada planta.


Por estos días nos recuerda la Iglesia, en las lecciones de Maitines, estas mismas gloriosas páginas de la epopeya israelita, por ser presagio de lo que más tarde había de suceder en un orden espiritual y más elevado. La liberación del pueblo judío de la servidumbre asiria, después de haber ayunado Judit, figuraba la liberación del pueblo querido de Dios, del pueblo cristiano, obrada por Jesús en la Pascua, después del ayuno cuaresmal.


Así que en Judit (que es el femenino de Judá) tenemos también una expresiva figura de Jesús, oriundo de la raza y tribu de Judá.


Es muy oportuna esta Misa en torno de las Témporas, que son tiempos de perdón, por serlo de oración y de penitencia, por los cuales se deja Dios doblegar y vencer de los míseros mortales. De ese perdón y de esa paz propia de la casa del Señor, se goza en la Santa Iglesia, debido al poder grande que Cristo concedió a todos los sacerdotes, en virtud de su ordenación, de ese poder de “las llaves”, en virtud del cual el sacerdote nos dice lo mismo que Jesús: “Perdonados te son tus pecados”. Y en efecto, por esa mágica expresión, quedamos libres del peso del pecado, y curados además de nuestra espiritual parálisis (Evangelio). Los nuevos ungidos del Señor, los sacerdotes, serán también los encargados de predicarnos la doctrina salvadora de Cristo (Epístola), y de celebrar el Santo Sacrificio. Preparan de esa manera a la humanidad para que pueda presentarse confiada ante el Supremo Juez de vivos y muertos (Epístola).


Precisamente, durante estos últimos domingos, la Iglesia insistirá a menudo en el pensamiento de la venida de Jesucristo, cuando a imitación del señor de la parábola evangélica, volverá a pedirnos cuenta de cómo hemos empleado el tesoro que un día nos confió para que “negociáramos”.


Otros conceptos de la Epístola de hoy son para meditarlos: ¡Qué cuenta tan estrecha deberá rendir el cristiano, nadando como nada era un río de gracias! Y ¡Cómo dilapidamos la rica herencia! ¡Cómo despreciamos las facilidades para salvarnos, por ejemplo, gracias a las predicaciones o a los sacramentos!... Si se hubiesen dado a otros estas mismas gracias, ¿no hubiera sido mayor su fruto?



(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)



Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: “Hijo, ten confianza, que perdonados te son tus pecados”. Entonces, algunos de los Escribas interiormente se dijeron: este hombre blasfema. Y conociendo Jesús sus pensamientos les dijo: “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: “Perdonados te son tus pecados”, o bien: “levántate y anda”? Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la Tierra de perdonar los pecados, dijo entonces al paralítico: “¡Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa!” Y se levantó y se fue a su casa.Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: “Hijo, ten confianza, que perdonados te son tus pecados”. Entonces, algunos de los Escribas interiormente se dijeron: este hombre blasfema. Y conociendo Jesús sus pensamientos les dijo: “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: “Perdonados te son tus pecados”, o bien: “levántate y anda”? Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la Tierra de perdonar los pecados, dijo entonces al paralítico: “¡Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa!” Y se levantó y se fue a su casa.



Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para el Dieciochoavo Domingo después de Pentecostés:



Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Corintios (I Corintios, 1, 4-8)

Hermanos, gracias doy siempre a mi Dios por la gracia que os ha sido dada en Jesucristo. Porque de todo estáis rico a causa de Él; en toda palabra y en toda ciencia, habiéndose firmemente establecido en vosotros el testimonio de Cristo, de manera que nada os falte en ninguna gracia, esperando la manifestación de Nuestro señor Jesucristo, el cual también os confirmará hasta el fin sin culpa, para que seáis irreprensible en el día del Advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo.



Evangelio según San Mateo (9, 1-8)

En aquel tiempo, subiendo Jesús a una barca, pasó a la otra orilla, y fue a su ciudad (Cafarnaún). He aquí que le presentaron un paralítico postrado en su camilla. Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: “Hijo, ten confianza, que perdonados te son tus pecados”. Entonces, algunos de los Escribas interiormente se dijeron: este hombre blasfema. Y conociendo Jesús sus pensamientos les dijo: “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: “Perdonados te son tus pecados”, o bien: “levántate y anda”? Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la Tierra de perdonar los pecados, dijo entonces al paralítico: “¡Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa!” Y se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, las gentes temieron y alabaron a Dios, que dio tal poder a los hombres.



Aprovechemos las valiosas enseñanzas que el Padre Pío Vázquez nos comparte a continuación, con ocasión del Dieciochoavo Domingo después de Pentecostés:

(Nota: en 2025 el Dieciochoavo Domingo después de Pentecostés coincidió con el día 12 de octubre)



Defensa de la Hispanidad, Santo Rosario




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