En Defensa de la Fe


Cuarto Domingo después de la Pascua

En el Cuarto Domingo después de la Pascua, la Liturgia engrandece la Justicia de Dios, la cual se manifiesta por el triunfo de Jesús y por el don excelente que nos enviará después de ascendido a los cielos: El Espíritu Santo.


El Espíritu Santo unirá todos los corazones y les enseñará toda verdad, y convencerá a Satanás y al mundo del pecado que cometieron al entregar a Jesús a la muerte, y persiguiéndole después en la Iglesia, su Místico Cuerpo.

Oigamos la palabra de la verdad que salvará nuestras almas y pongámosla en práctica, de manera que nuestros corazones estén siempre fijos, allí donde están las verdaderas alegrías.

La esperanza de ese magnífico testimonio de la Justicia Divina nos ha de servir de consuelo en toda tribulación, aún en medio de las mayores persecuciones. La obra de Dios, a pesar de todos los obstáculos, avanza sin cesar, se perfecciona por la paciencia y al fin triunfa sobre sus enemigos. Prolonguemos, por decirlo así, esa paciencia de Dios en nosotros, practicándola en nuestras adversidades. Es la exhortación del Apóstol Santiago en la Epístola.

Jesús no tardará ya mucho en irse y se nos pondrá el que es el Sol de Justicia. Pues ya que tenemos pocos días antes de su Ascensión a los cielos, preguntémosle muchas cosas al que es Maestro y único Maestro de nuestras almas, pues Sus palabras son "espíritu y vida".

La indiferencia, el no querernos enterar de sus misterios, que son para nosotros fuentes abundantes de vida eterna, le contrista sobremanera. Bien claro se lo dijo a Sus discípulos: "Sabéis que me voy y nadie de vosotros me pregunta: ¿adónde vas? Y así sigue sucediendo. Los hombres se hallan "cómodos" en el destierro. Tan acostumbrados están a su hambre, que ya hasta llegan a amarla.

Pidámosle pues, que nos envíe a Su Divino espíritu, para que nos enseñe todo lo que necesitamos, y de la manera que Él sabe hacerlo, o sea, moviendo al bien nuestras rebeldes voluntades, y haciéndonos comprender cuál es esa dádiva perfecta de Dios, ese don preciadísimo que a pocos se otorga cumplidamente, porque pocos son también los que lo aprecian y desean.


(Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)



Aún tengo muchas cosas que deciros, más por ahora no podéis comprenderlas. Pero cuando viniere el Espíritu de Verdad, Él os enseñará todas las verdades; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará de todo lo que habrá oído, y os hará saber las cosas que han de venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío, y os lo hará saber.Aún tengo muchas cosas que deciros, más por ahora no podéis comprenderlas. Pero cuando viniere el Espíritu de Verdad, Él os enseñará todas las verdades; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará de todo lo que habrá oído, y os hará saber las cosas que han de venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío, y os lo hará saber.



Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para este Cuarto Domingo después de la Pascua:


Epístola del Apóstol Santiago (1, 17-21)

Toda buena dádiva, y todo don perfecto viene de lo alto, descendiendo del Padre de las luces, en quien no cabe mudanza, ni sombra de variación.  Él, de Su Voluntad nos ha engendrado por la Palabra de verdad (a la vida divina), para que seamos las primicias de sus nuevas criaturas.

Por esto, hermanos míos amados, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la Justicia de Dios. Por lo cual, dejando toda inmundicia, y restos de malicia, recibid con mansedumbre la Palabra que ha sido como ingerida en vosotros, y que puede salvar vuestras almas.



Evangelio según San Juan (16, 5-14)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Me voy a Aquel que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas?  Mas, porque os he hablado estas cosas, vuestro corazón se ha llenado de tristeza.  Pero Yo os digo la verdad: Os conviene que Yo me vaya; porque si Yo no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré.  Y cuando Él venga convencerá al mundo en orden al pecado, en orden a la justicia y orden al juicio.  En orden al pecado ciertamente, por cuanto no han creído en Mí; respecto a la justicia, porque Yo me voy al Padre, y no me veréis más; y tocante al juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado.

Aún tengo muchas cosas que deciros, más por ahora no podéis comprenderlas. Pero cuando viniere el Espíritu de Verdad, Él os enseñará todas las verdades; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará de todo lo que habrá oído, y os hará saber las cosas que han de venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío, y os lo hará saber.



Aprovechemos las valiosas enseñanzas que Monseñor Fernando Altamira nos comparte a continuación, con ocasión del Cuarto Domingo después de la Pascua:


Ésta es la victoria que vence al mundo: Nuestra Fe - parte 4




El Mutuo o Préstamo y la Usura




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