En Defensa de la Fe


Cuarto Domingo de Cuaresma

En este Cuarto domingo de Cuaresma, la Iglesia quiere que brille en nuestras almas un rayo de alegría que parte de la iglesia del Calvario, esperanza nuestra, para animarnos a perseverar en la lucha contra el demonio, la carne y el mundo, hasta tanto llegue la Santa Pascua.

El evangelio nos habla de la multiplicación de los panes y de los peces, símbolos ambos de la Eucaristía que recibiremos al celebrar nuestra Pascua. La Epístola, a su vez, nos habla de nuestra liberación por medio del Bautismo (que los catecúmenos recibían en Pascua), o bien por medio del sacramento de la Penitencia, el cual nos permite recobrar la libertad cristiana.


Los dos hijos de Abrahán significan ambos, Testamentos: Ismael, hijo de Agar, es imagen de los judíos esclavos de la Ley mosaica. Isaac, hijo de Sara, es figura de los Gentiles, hechos por su fe herederos de las promesas mesiánicas.

Pidamos al Señor que en medio de las pruebas que tuviere a bien enviarnos o de las penitencias que nosotros mismos nos impusiéremos por nuestros pecados, nos sostenga siempre con sus divinos consuelos (Tomado del "Misal Diario y Vesperal" por Dom Gaspar Lefèbvre, O.S.B.)



Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; más ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: haced sentar a esas gentes.Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; más ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: haced sentar a esas gentes.



Veamos las dos lecturas de la Palabra de Dios, para este Cuarto Domingo de Cuaresma:



Epístola del apóstol San Pablo a los Gálatas (4, 22-31)

Hermanos, escrito está que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre. Mas el de la esclava, nació según la carne y el de la libre en virtud de la promesa, lo cual fue dicho en un sentido alegórico. Porque estas dos madres son los dos Testamentos: el uno dado en el monte Sinaí, que engendra esclavos, el cual es figurado en Agar; porque el Sinaí es un monte de Arabia que corresponde a la Jerusalén de aquí abajo, la cual es esclava con sus hijos. Mas aquella Jerusalén de arriba es libre, y es madre de todos nosotros; porque escrito está: alégrate estéril, que no pares; prorrumpe en gritos de júbilo, tú que no eres fecunda; porque son muchos más los hijos de la abandonada que los de la que tiene marido. Nosotros pues hermanos, somos hijos de la promesa, figurados en Isaac. Mas, así como entonces el que había nacido según la carne perseguía al nacido según el espíritu, así sucede también ahora. ¿Pero qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, pues no será heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre. Y así, hermanos, nosotros no somos hijos de la esclava, sino de la libre; y esta libertad Cristo nos la ha adquirido.



Evangelio según San Juan (6, 1-15)

En aquel tiempo, pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, que es el lago Tiberíades, y le seguía una grande multitud de gente porque veían los milagros que hacía con los enfermos. Subió pues Jesús a un monte y sentóse allí con sus discípulos. Acercábase ya la Pascua, día de gran fiesta para los judíos. Habiendo pues alzado Jesús los ojos y viendo que venía así Sí tan gran multitud dijo a Felipe: ¿dónde compraremos panes para que coma esta gente? Esto lo decía para probarle, pues Él sabía bien lo que había de hacer. Felipe le respondió: 200 denarios de pan no les alcanzan para que cada uno tome un bocado. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; más ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: haced sentar a esas gentes. En aquel lugar había mucha hierba. Sentáronse, pues, como unos 5000 hombres. Tomó entonces Jesús los panes, y habiendo dado gracias a su Padre, los repartió entre los que estaban sentados; y lo mismo hizo con los peces, dando a todos cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: recoged los trozos que han sobrado para que no se pierdan. Hiciéronlo así y llenaron doce cestos de los pedazos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Aquellos hombres, cuando vieron el milagro que había hecho Jesús decían: ¡este es verdaderamente el Profeta que ha de venir al mundo! Y Jesús, notando que habían de venir para llevárselo y hacerle rey, huyó otra vez al monte Él solo.



Aprovechemos las valiosas enseñanzas que Monseñor Fernando Altamira y el Padre Pío Vásquez nos comparten a continuación, con ocasión del Cuarto Domingo de Cuaresma:



Mortificar el sentido del gusto – Ayunar




La Vocación Sacerdotal




Combate por la virtud ✠ confesión




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