Cuando voy a la Santa Misa voy al Calvario. Cuando estoy en la Santa Misa, estoy en presencia del Sacrificio de Dios Nuestro Señor Jesucristo, en la entrega que Él hace de Su Vida, en la Cruz del Calvario, entrega renovada en el Altar ¡Estoy en Viernes Santo! Esto es la Misa; este es el verdadero sentido de la Santa Misa.
De allí se desprende el respeto, la solemnidad, la devoción y el recogimiento con que debemos asistir a la Santa Misa. ¡Con cuánto silencio, con cuánto respeto debemos asistir! Con el respeto que merece ese momento tan sagrado, tan sublime, del Sacrificio de Dios Nuestro Señor en el Calvario.
Si reflexionaras que cuando te diriges a la Santa Misa vas hacia el Calvario, para asistir a la muerte del Redentor, ¿irías a ella con tan poca devoción y recogimiento?
Por eso la Santa Misa es el centro de nuestro culto católico, de la Iglesia Católica. Es el milagro de los milagros. Es un tesoro inmenso y no sabemos en toda su profundidad lo que es su valor, y no lo apreciamos. Por eso es un tesoro escondido; porque no se aprecia; porque no se valora, no se admira en toda su dimensión.
Los católicos debemos conocer más y más acerca de lo que es la Santa Misa, para que la amemos más y la valoremos más; para que vayamos a muchas, a muchísimas Santas Misas. ¡Ojalá fuésemos a todas!
Cuando voy a la Santa Misa voy al Calvario. Cuando estoy en la Santa Misa, estoy en presencia del Sacrificio de Dios Nuestro Señor Jesucristo, en la entrega que Él hace de Su Vida, en la Cruz del Calvario, entrega renovada en el Altar ¡Estoy en Viernes Santo! Esto es la Misa; este es el verdadero sentido de la Santa Misa.Al respecto, te compartimos a continuación las reflexiones tomadas de la homilía de Monseñor Fernando Altamira con ocasión del Viernes Santo, es decir, el día de la muerte de Dios Nuestro Señor en la Cruz del Calvario, cuya renovación en el Altar es el Santo Sacrificio de la Misa:
<<Queridos hijos, hoy es Viernes Santo, el día en que Dios Nuestro Señor Jesucristo murió en la Cruz para nuestra redención; el fin propiciatorio de Su Sacrificio en el Calvario y de la Santa Misa.
Todo para que Dios nos perdone de nuestros pecados, nos mire con misericordia, en forma propiciatoria, y podamos, solamente con Su Gracia, alcanzar la Salvación Eterna.
Es el fin propiciatorio del Sacrificio de la Cruz, que es el mismo fin propiciatorio del sacrificio de la Santa Misa.
Hemos escogido, relacionar el Sacrificio de la Cruz, Viernes Santo, con la Santa Misa; porque son el mismo sacrificio, con el cual buscamos pagar bien por nuestros pecados. Ello se consigue gracias a la Santa Misa. Por eso debemos ser amantes de la Santa Misa.
Todos estos siglos de cultura católica, lo que nos ha sido transmitido por la grandiosa España Católica, lo que nos ha sido transmitido por nuestros antepasados católicos, todo eso tiene el mérito y fruto de que, gracias a esta “leche materna”, uno vaya aprendiendo el catolicismo. Pero tiene una desventaja: tanto nos acostumbramos a esa buena, hermosa y santa cultura católica, tanto nos acostumbramos a esa “leche materna” que al sernos tan común, al final los hechos más grandiosos de Dios, de la historia del Hombre y de su redención, se nos hacen, muy comunes.
Es así que no valoramos, ni sopesamos, ni medimos toda la profundidad y lo sublime de los hechos de Dios. Hoy es la Muerte de Dios Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz, el Sacrificio de la Cruz. Dios se hace hombre y, por estas criaturas imperfectas y miserables que somos nosotros, decide morir en la Cruz, no sin antes sufrir la Pasión y dejarse destrozar.
Y, repetimos, Dios decide hacerlo por esta nada pecadora (como decía San Ignacio de Loyola), que somos los hombres.
Dios lo hace por mis pecados y no vemos la magnitud de ello. Dios hace la mayor Ofrenda por el hombre pecador. Es Dios quien lo hace. Por ello toda nuestra vida en realidad debería ser para llorar y agradecer, y tratar de entender cómo Dios quiso hacer eso por mí, por nosotros, por mis pecados, por nuestros pecados.
Toda nuestra vida debería ser llevada a reflexionar sobre el Sacrificio tan inconmensurable que Dios hace por nosotros. Pero estamos demasiado acostumbrados, ¡se nos hace tan común!
Por el contrario, toda nuestra vida tendría que ser para agradecer a Dios por todos los hechos que Él realizó por esta nada pecadora que somos nosotros. Pero no los valoramos y no dimensionamos su profundidad, por estar demasiado acostumbrados.
La Santa Misa es el mismo Sacrificio de la Cruz, es el Viernes Santo, es la Muerte de Dios en la Cruz del Calvario; sacrificio renovado en nuestros altares, pero de manera incruenta.
Esto es tal vez lo más importante que quiero resaltarles hoy: cuando vamos a la Santa Misa nos dirigimos al Calvario, hacia el Sacrificio de la Cruz, para estar junto a Él como lo estuvo la Santísima Virgen; para adorar durante toda nuestra vida.
El primer fin debería ser adorar a Dios con nuestras vidas, con nuestras acciones, para pedir perdón por los pecados que hemos cometido; esto es propiciación: la Santa Misa (que es el Viernes Santo y el Sacrificio de la Cruz) es para eso: para pedir perdón, para que Dios nos mire con ojos propicios.
Debemos dar gracias por todo lo que recibimos de parte de Dios, por ese sacrificio que hizo Dios en el Calvario y que se renueva en cada Santa Misa.
Reiteremos: debemos en primer lugar adorar a Dios. Toda la vida debe ser así, toda acción debe estar orientada a ello. Y en segundo lugar pedir perdón por nuestros pecados, para que con Su Gracia logremos la Salvación Eterna.
Y decíamos hace unos momentos: el concepto más esencial que hoy, Viernes Santo queremos remarcar, es que cuando yo voy a la Santa Misa, voy al Calvario. Debemos grabar ello a fuego: cuando voy a la Santa Misa voy al Calvario.
Siendo así las cosas, ¿a cuántas Misas deberíamos, entonces, tratar de ir? Pensemos, entonces, en el respeto, devoción y recogimiento con que deberíamos asistir a la Santa Misa; ¡con cuánto silencio, deberíamos asistir a Misa!
Quiero recordar que la Misa de San Gregorio Magno impresionaba porque no se escuchaba ningún ruido y este hecho le daba, sin duda, una mayor solemnidad. Imagínense nuestra Capilla con un silencio sepulcral, con un silencio total, con el respeto que merece el Calvario.
Si estoy en la Santa Misa, estoy en el Sacrificio de la Cruz en el Calvario. Debemos guardar absoluto silencio para ese momento tan sagrado.
Así debería ser la Santa Misa. Volvemos a estar en Viernes Santo. Y ese mismo silencio, respeto y devoción lo debemos mantener en toda ceremonia católica.
Cuando éramos todavía laicos, nos marcó, hacia los 18 años, un libro muy pequeño, muy hermoso de San Leonardo de Puerto Mauricio: “El tesoro escondido de la Santa Misa”.
La Santa Misa es el centro de nuestro culto católico, de la Iglesia Católica.
Es un tesoro inmenso y no apreciamos en toda su profundidad lo que es; ¡no la apreciamos! Por eso es un tesoro escondido; porque no se aprecia; porque no se ve.
Es un tesoro escondido, bastante desconocido, poco valorado, poco apreciado.
Ese libro intenta que los católicos conozcamos más lo que es la Santa Misa, y la amemos más, y la valoremos más, para que vayamos a muchas más Misas, a muchísimas más. Ojalá que pudiéramos ir a todas, ¡a todas!
La Santa Misa es el Sacrificio de la Cruz en el Calvario, por lo tanto, es “Viernes Santo”. Eso es la Misa.
(Hacemos un paréntesis para poner de presente que cuando este santo escribió el libro, lo hizo con respecto a la verdadera Misa católica, la misa de todos nuestros antepasados, la Misa Tridentina, la Misa que rezamos aquí. Pero, ¡qué tristeza! En las cuatro ediciones del libro que alguna vez he tenido en mis manos he encontrado que las adaptan, les hacen agregados
para acomodarla a la misa moderna. ¡Qué vergüenza y qué injusticia para con el santo, que escribió el libro para la verdadera Misa, para la única Misa católica, no para la falsa misa moderna!
Por eso, siguiendo con el paréntesis, les hago un mínimo pedido:
Creo recordar en los años 90, ediciones Dixio de Argentina hizo tal vez una edición de este libro, que creo fue fiel al texto original del siglo XVIII. Si algún fiel tiene esta edición, les pedimos que el favor de que nos permitan tener acceso a la misma, para poder corregir mejor la edición que queremos mandar imprimir. Cierro el paréntesis).
Acerca de San Leonardo, el autor del libro, dice la Santa Iglesia Católica en el Martirologio Romano (ese tesoro que tenemos los católicos) el día 26 de noviembre: “En Roma, San Leonardo de Puerto Mauricio, sacerdote de la orden de menores y confesor; señalado por el celo de las almas y sus misiones por Italia, a quien canonizó el Sumo Pontífice Pío IX, y el Papa Pío XI eligió y constituyó ‘celestial patrono de los sacerdotes que se dedican a las sagradas misiones del pueblo en las regiones católicas de todo el mundo’”.
“El patrono de los sacerdotes que hacen apostolado a los católicos”: ¡los católicos estamos destruidos hoy por esta falsa iglesia moderna! Podemos decir que San Leonardo es entonces patrono del Padre Pío, patrono de mi persona y de todos los sacerdotes que intentamos hacer apostolado en esta desgracia de crisis producida por la falsa iglesia moderna.
Él murió en 1751. Tenía 74 años de edad; era franciscano. Pertenecía a los ”Hermanos menores reformados de la estricta observancia”. Ese era el nombre oficial de su rama franciscana. Lo canonizó Pío IX algo más de 100 años después de su muerte. El secreto para que hubiese convertido tantas almas para Dios, no estaba en su elocuencia, sino obviamente en su santidad. Y de ella se destacaba la manera como celebraba la Santa Misa.
Allí estaba el secreto acerca de la manera como convertía a tantos: la forma como celebraba la Santa Misa, cada día, ¡con qué fervor! Ese era su secreto: la Sangre Redentora de Dios Nuestro Señor Jesucristo, Su Sacrificio en la Cruz renovado en el Altar durante la Misa. ¡Ese era su secreto para convertir a las almas!
Vamos a leerles un resumen de una muy pequeña parte del mencionado libro y algunos extractos, buscando entender que el Viernes Santo, la Muerte de Dios en la Cruz y la Santa Misa, son lo mismo.
Dice Él:
“Mucha paciencia se necesita para tolerar el lenguaje de algunos impíos y libertinos que con frecuencia se atreven a difundir proposiciones escandalosas con sabor a ateísmo y que son un veneno para la piedad católica. Ellos dicen, ‘Una misa más o menos, ¿qué importa? Es suficiente oír la Misa de los días de obligación o de precepto… La Misa de tal sacerdote es una Misa de Semana Santa y cuando lo veo acercarse al altar, escapo de la iglesia... Una misa más o menos, poco importa’”.
Dice el santo:
“Los que así se expresan dan bien a entender que en poco, mejor dicho, en nada aprecian el adorable Sacrificio de la Misa”.
Cuántas veces les decimos, les insistimos: vengan a misa, vengan a misa, vengan a misa.
"Una misa más o menos poco importa”. Viernes santo. Muerte en la Cruz de Dios Nuestro Señor. “Una misa poco importa”.
“La Misa”, sigue nuestro resumen, “sol de nuestro mundo católico, alma de la fe, centro de la religión católica, es el compendio de todo lo bueno, de todo lo bello que hay en el catolicismo. Medita, pues, atentamente, piadoso lector”, dice el santo, “lo que voy a decirte en estas páginas para tu instrucción”.
“Excelencia del Sacrificio de la Misa.
El sacrificio pues que poseemos en nuestra santa religión católica, el de la Misa, es el único Sacrificio santo y de todo punto perfecto. Por medio de él, todos los fieles pueden adorar dignamente a Dios, reconocer Su dominio supremo sobre nosotros, manifestar al mismo tiempo nuestra nada”.
“Vamos a explicar sucintamente algunas de sus excelencias.
El Sacrificio de la Misa es igual al Sacrificio de la Cruz. (casi al comienzo del libro el santo remarca ese hecho). La principal excelencia del Sacrificio de la Misa es ser esencial y absolutamente el mismo que el Sacrificio que se ofreció sobre la Cruz en la cima del Calvario; con esta sola diferencia: que el Sacrificio de la Cruz fue sangriento y no se ofreció más que una vez, satisfaciendo plenamente por todos los pecados; mientras que el Sacrificio del Altar es incruento y renueva el de la Cruz para aplicar a cada uno en particular los frutos, con el precio que Jesucristo pagó y nos ganó sobre el Calvario, para la Redención.
La Misa, pues no es una simple representación, un puro símbolo. No es eso. No es una memoria únicamente de la Pasión y Muerte del Redentor”.
La falsa misa moderna es la “memoria” y encima de ello, no de la Pasión, sino de la “Cena del Señor”. ¡Todo mal y todo herético!
“No es eso”, dice el santo, “sino la renovación real y verdadera del Sacrificio que Dios hizo en la Cruz. Y así con toda verdad nuestro Divino Salvador, en cada Misa que se celebra, renueva místicamente Su Muerte y Sacrificio de la Cruz, pero en forma incruenta. Él está en la Misa vivo y al mismo tiempo sacrificado e inmolado. ‘Vi al cordero que estaba como sacrificado’.
El mismo Cuerpo, la misma Sangre, el mismo Jesús que se ofreció en el Calvario, es el que al presente se ofrece en la Misa. Esta es la obra de nuestra Redención que continúa en su ejecución a través de la Santa Misa.
Dime ahora, por favor, si cuando te diriges a una capilla o a una iglesia para oír la Santa Misa…, si tú reflexionaras bien que vas hacia el Calvario para asistir a la Muerte del Redentor, ¿irías a ella con tan poca devoción y recogimiento?”. Repito, “si reflexionaras cuando vas a la Santa Misa, que vas hacia el Calvario para asistir a la Muerte del Redentor, ¿irías a ella con tan poca devoción y recogimiento?”.
“¿Estarías de esa manera en el Calvario? ¿Irías con tan poca modestia, arrogante, orgulloso, sin humildad, sin decoro, sin respeto? ¿Así vas al Calvario?
Cuando vas a la Santa Misa, vas al Calvario”.
Si hubieras estado junto a Dios hace 2000 años, colgando Él en la Cruz, en Jerusalén, en ese primer Viernes Santo de la historia, no creo que te comportarías como cuando vas a Misa. Y, sin embargo, cuando vas a Misa, vas a ese mismo Sacrificio.
¡Vas al Calvario!
“Si la Magdalena, al dirigir sus pasos hacia el Calvario, se hubiese prosternado al pie de la Cruz, estando engalanada y llena de perfumes, como cuando deseaba ella brillar a los ojos de sus amantes, ¿qué se hubiera pensado de ella? Pues bien, ¿qué se dirá de ti que vas a la Santa Misa adornado o adornada como para un baile?
Y qué será si cuando vas a Misa, cuando vas al Calvario, llegas a profanar un acto tan santo, con miradas indecentes, hablando, distrayendo a los otros, pasando o hasta con encuentros culpables y sacrílegos”, dice el santo. Y agrega San Leonardo, (escuchen bien esta parte), “yo digo que la iniquidad es un mal en todo lugar, pero los pecados que se cometen durante la celebración de la Santa Misa y en presencia de los altares, son pecados que atraen sobre sus autores, la maldición de Dios.
Piense cada uno cómo asiste a Misa y qué hace en la Misa y qué distrae a los otros en la Santa Misa. Atrae la maldición de Dios”, dice el Santo.
“Medita esto atentamente mientras te manifiesto otras maravillas y excelencias de tan precioso tesoro”.
“El santo Sacrificio de la Misa tiene por principal sacerdote al mismo Jesucristo Dios.
Aviva pues tu fe y reconoce en el sacerdote celebrante a la adorable persona de Dios Nuestro Señor Jesucristo. Él es el principal sacrificador, el principal sacerdote.
Cuando consideres al sacerdote en el altar, ten presente entonces su dignidad. Su dignidad que consiste en ser ministro de Dios, ministro invisible y eterno de nuestro Redentor.
Y cuántas faltas de respeto a veces a los sacerdotes y hasta a los obispos”.
“Bendita sea”, dice el santo, “eternamente la misericordia de Dios por habernos dado un Sacerdote Santo, santísimo, que es su Hijo Dios, el cual ofrece al Eterno Padre este divino Sacrificio de la Misa”.
Viernes santo, muerte de Dios en la Cruz. Eso es la misa. “Jesucristo ofrece en la Misa Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma. Así mismo se ofrece todo ello por nosotros, y tantas veces como Misas se celebren en todo el mundo.
Qué tesoro inmenso, qué mina de riquezas inestimables. Qué dicha si se pudiera asistir a todas las Misas”.
Vengan a Misa. La Misa Tridentina, la Misa verdadera casi no existe…
Sigue diciendo o preguntando el santo: “¿Qué dices ahora? ¿Te atreverás todavía a seguir de aquí en adelante oyendo la Santa Misa, todo mal sentado?”
Jóvenes adolescentes: mucho cuidado con ser maleducados e irrespetuosos en la Santa Misa. Los vemos. Las mamás nos dicen también.
"Te atreverás”, dice el santo, “a seguir todavía de aquí en adelante oyendo la Santa Misa todo mal sentado, faltando al respeto desde el principio hasta el fin, charlando, hablando, mirando a todas partes o quizás medio dormido o dormido del todo?”.
Más de uno se duerme en la Santa Misa. Si es un accidente, Dios entenderá. Pero si yo soy displicente y me importa poco, en vez de hacer esfuerzos para no dormirme… Todos estamos cansados. ¿Pueden creer que el Padre Pío y yo también estamos cansados?... Pero es una falta de respeto dormirse en la Misa. Algún accidente puede ser; pero hay varios, creo que lo puedo decir así, se duermen siempre en la Misa. “La maldición de Dios…”, dice el santo.
Ahora nos reímos, pero después en el juicio… la maldición de Dios…, dice San Leonardo.
“Asistir a Misa de esa manera…, satisfecho con pronunciar más mal que bien algunas oraciones vocales…”.
¿Cuántos ni se preocupan por aprender a responder bien? Miren la “Bendición de los obispos” al final de la Misa… llevamos 2 años….
Dice el santo: “yo no puedo menos que exclamar, ¡oh mundo ignorante! ¿Cómo es posible estar al pie del Calvario, al pie de los altares, al pie de la Misa, con el espíritu distraído y el corazón disipado?... Cuando hasta los ángeles, hasta los ángeles están allí temblando de respeto y poseídos de un santo temor, a la vista de algo tan sagrado, tan sagrado. Y yo falto al respeto, y yo llego tarde, y yo distraigo los otros, y yo, y yo, y yo”.
“La maldición de Dios…” Que sirvan estas palabras… faltan todavía…, para que haya todo un cambio; que haya un silencio sacratísimo durante la Misa. Eso impresiona inclusive al mismo celebrante.
Viernes santo, la Cruz del Señor, la Santa Misa.
“La Santa Misa es el milagro más asombroso de cuántos ha hecho la omnipotencia de Dios. ¿Quién hubiera pensado que la voz de un simple hombre que ni aún puede sin algún esfuerzo, levantar una simple hierba, que un hombre así, por Gracia de Dios tenga dotada su voz de tal fuerza para hacer bajar a Dios del Cielo sobre el altar y renovar el Sacrificio de la Cruz?
Es un poder mucho mayor que trasladar un monte de un lugar hacia otro, que secar un océano”, dice el Santo, “o que detener el curso de los astros. A la voz del sacerdote, en cuanto él obra como instrumento de Dios en el acto de la Consagración, se renueva el Sacrificio de la Cruz y se hace presente real y sustancialmente Jesucristo Dios… ¡Cuantas veces se celebre una Misa válida! Aviva entonces mucho tu fe”.
Entendamos que la Misa es eso: el Calvario.
“Aviva mucho tu fe y confiesa que la Misa es el milagro de los milagros”.
¿Qué dicen los extractos y resúmenes que hemos hecho allí?
Dice San Leonardo: "¿Qué sería del mundo si llegase a verse privado de la Misa? ¿Y qué sería de nosotros? Estaríamos privados de todos los bienes y oprimidos con el peso de todos nuestros pecados, expuestos a ser el blanco de todos los rayos de la Ira de Dios.
Pero he aquí que este mismo Dios sufre con paciencia nuestros pecados.
No solo la vanidad, la ligereza, la inconstancia, sino los adulterios más asquerosos”.
Palabra literal del santo…, fuerte... “Los adulterios más asquerosos, los escándalos más repugnantes y las blasfemias más horribles, y otras tantas acciones que en un gran número los católicos vomitan”. Literal del santo… fuerte …, “los católicos vomitan continuamente contra el Santo Nombre de Dios. ¿Y Dios soporta eso?”, pregunta el santo.
"¿Nuestros pecados serán hoy más excusables que aquellos en otros tiempos?
Al contrario”, dice él. “Son mucho más criminales en razón de los beneficios que hemos recibido. Pero y entonces”, dice San Leonardo. “¿Por qué Dios nos soporta tanto?
La verdadera respuesta de esa paciencia, clemencia, por parte de Dios hacia nosotros, la verdadera respuesta es la Santa Misa. La Santa Misa en la cual el Cordero sin Mancha se ofrece sin cesar a su Eterno Padre, como víctima expiatoria y propiciatoria de los pecados del mundo… Para que Dios nos vea con buenos ojos, con misericordia y compasión, propiciación, sin el rigor que mereceríamos por los pecados que cometemos”.
Dice el santo: “yo estoy firmemente persuadido de que, sin la Santa Misa, el mundo a la hora presente ya hubiera desaparecido bajo el inmenso peso de tantos pecados e iniquidades. De lo dicho, puedes tú deducir cuán necesario es para nosotros este Divino Sacrificio de la Misa: Viernes Santo renovado sobre el altar”.
“Más no basta que así lo sea. Debemos”, dice el santo, “aprovecharnos de él”.
¡Vengan a Misa! ¿Cómo puede ser que estemos en lo que parecen los finales de la historia?... Cinco lugares en el mundo tienen esta Misa (la Misa verdadera) … Y vienen poco a Misa. No entienden en la época que vivimos. No entienden lo que tienen. No entienden la Misa.
“No basta que yo sepa estas cosas”, dice el santo, “si no me aprovecho de la Santa Misa” … Viernes Santo renovado en el altar…. Viernes Santo, Muerte de Dios en la Cruz… En el altar se produce la Renovación ...
No entendemos en qué época vivimos y cuán grande es el tesoro que tenemos: ¡la Santa Misa!
“No basta”, dice el santo, “comprender lo que es la Misa si no me aprovecho de ella”.
Espero que después de esta Semana Santa, que después de este Viernes Santo entiendan lo siguiente: Dios a veces quita lo que uno tiene si uno no lo valora.
Sigo con los resúmenes. Dice: "Dios al ver celebrar la Misa se siente obligado a calmar los castigos que mereceríamos. Y no solamente eso, sino que se ve como obligado también a socorrer nuestras necesidades”.
“Increíble. no solamente no castiga, sino que socorre nuestras necesidades gracias a la Santa Misa. Las necesidades no de cualquiera, sino de los que le están ofendiendo constantemente a Él; las necesidades no de cualquier persona, sino de las que pecan contra Él, que somos todos nosotros.
Y a pesar de ello, por la Santa Misa, no solamente no castiga y posterga los castigos hasta el Juicio, sino que quiere ayudar al que lo ofende. Ayuda al que lo ofende, ayuda al que peca contra Él, gracias a la Santa Misa”.
¡Y yo falto, y no voy, no voy nunca entre semana! Ni hablemos de los que faltan el Domingo.
Punto católico de todos los siglos del catolicismo. Yo no voy a Misa el Domingo por un motivo fútil. No nos damos cuenta. La Santa Misa verdadera no existe casi en ningún lugar del mundo.
“No lo dudemos. Si no tuviésemos a Dios Nuestro Señor Jesucristo, si no tuviésemos esta Víctima Adorable, sacrificada por nosotros, primero en la Cruz y después todos los días sobre nuestros altares”, dice el Santo, “ya estaría decretada nuestra condenación. Gracias a la Misa no tenemos decretada nuestra condenación. Y cada cual hubiera podido decir a su compañero, ‘Nos vemos en el Infierno’. Pero gracias al tesoro de la Santa Misa, nuestra esperanza se reanima y nos asegura de que el Paraíso puede ser nuestra herencia”.
Escuchen esta parte: “Debemos pues besar, besar nuestros altares. No valoramos la Santa Misa. Debemos besarlos con nuestro respeto, y sobre todo honrarlos con la más perfecta modestia y el más sagrado silencio…. Respetar la Misa sin hacer ningún ruido y menos en el momento de la Consagración”.
Decimos nosotros: ni la respiración se tendría que oír en la Capilla cuando es el momento de la Consagración del Cuerpo y la Sangre de Dios.
“Si la Misa es asistir al Sacrificio de la Cruz, si la Misa nos pone en el Calvario, ¿entraría en la cabeza de alguno de nosotros estando en ese Viernes Santo, junto a la Cruz, el estar hablando? ¿Entraría en la cabeza de alguno de nosotros el estar distraído o haciendo ruido, o llegando tarde, mientras Dios muere en la Cruz? ¿Entraría eso en la cabeza de alguno de nosotros? Pues bien, mientras se realiza la Santa Misa se renueva el Sacrificio de la Cruz. Si estando al pie de la Cruz nosotros no cometeríamos tan abominables faltas, entonces no hay razón de ser para que durante la Santa Misa sí lo hagamos; porque la Santa Misa es el mismo Sacrificio, solo que incruentamente. Si en el Calvario nosotros nos comportaríamos con el máximo respeto y silencio, en la Santa Misa debemos comportarnos de igual manera, con el máximo silencio y respeto…”
Nunca olvidemos el punto central de esta prédica: “en la Santa Misa yo estoy en el Calvario y así me debo comportar”.
Viernes santo, Sacrificio de Dios en la Cruz. Santa Misa.
Hasta allí los resúmenes y agregados nuestros que queríamos hacer. Y es una parte minúscula del libro de San Leonardo con todo lo que el enseña.
Para concluir, quiera Dios que, con estas palabras tomadas e inspiradas en San Leonardo sobre la Santa Misa, sobre el Sacrificio de la Cruz, hoy, Viernes Santo…, quiera Dios darnos la gracia de que aprendamos mejor qué es la Misa, y que nos dé la Gracia de aprovecharnos mucho más de este tesoro, tesoro escondido. No la valoramos; no nos damos cuenta.
Y con Su Gracia, pedir a Dios que podamos con los frutos de la Santa Misa alcanzar la conversión. Todos necesitamos aprovechar sus Frutos; todos tenemos pecados; todos tenemos defectos. Que con los frutos de la Misa y por asistir a la Misa, Sacrificio de la Cruz, con el máximo respeto, podamos convertirnos nosotros mismos, convertir a nuestros seres queridos y a tantos pecadores del Cuerpo Místico…, por la Comunión de los Santos. Quiera Dios que obtengamos la gracia, ojalá por la Santa Misa, de que ella misma nos conceda asistir devotísimamente, sacratísimamente. Pedimos a San Leonardo en este Viernes Santo por estas intenciones, para que los fieles amen cada vez más la Santa Misa, para que los fieles cada vez vengan más, vengan más a la Misa, y a través de ella consigan Gracias enormes de conversión y salvación.
¡Viernes Santo! Ave María purísima.>>
Te invito a continuación a que escuches a Monseñor Altamira en la homilía completa de Viernes Santo, sobre el hecho maravilloso de que la Santa Misa es la renovación del Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz del Calvario y por lo mismo es “Viernes Santo”:
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